1191

David miró a Hania y sintió su cuerpo tensarse. Su corazón no palpitó, pero no la apartó.

—Hania.

—¿Sí?

—Si estoy así para siempre, ¿seguirás siendo feliz?

Hania asintió sin dudar. —Sí. Está bien. Mientras estés sano y salvo, es lo mejor para mí.

—¿Incluso si ya no te amo? ¿No me hiciste dos de...

Inicia sesión y continúa leyendo