1279

A medida que Hania se emocionaba cada vez más, su risa se hacía más y más fuerte, como una campana al viento.

Aunque Hania no podía escuchar su propia risa, David sí podía.

Para él, su risa era la voz más agradable del mundo.

—Empújalo un poco más alto, David... ¡un poco más alto!

En lugar de em...

Inicia sesión y continúa leyendo