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Mirando los ojos llorosos de Hania, David se asustó y rápidamente sostuvo su rostro.

—Cariño, no llores. No eres una mala persona, ¡tontita! ¡Yo lo soy! Todo es mi culpa. Eres la mejor mujer del mundo.

—Te amo, querido. Eres el más adorable y encantador en mi corazón. Te amo.

David no permitiría ...

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