Capítulo 30 La ferocidad de la mafia

¡PUM!

El primer disparo resonó con fuerza, pero la bala de alta velocidad no logró penetrar al hombre.

—¡Jajajaja! ¡Tu disparo falló! —una risa burlona y estruendosa llenó el lugar.

Sin embargo, Adrian no se detuvo ahí. El hombre se negó a permanecer en su silla de ruedas. Ignorando el dolor ardie...

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