Capítulo 8 8
Sentía que podía odiarlo, pero no se creía con los motivos suficientes para hacer eso.
No sabía qué había pasado exactamente en aquella habitación, pero Nerea se sintió muy incómoda con ese acercamiento de él, comprobando que en ninguna circunstancia aquel hombre podía ser tierno y amable, mucho menos con ella.
Estaba convencida que esa sonrisa con su hija fue más que fingida, algo a lo que tuvo que ceder en el momento, pero nada real, no podía ser real.
Al salir del baño vio un vestido sobre su cama.
Había tardado en la ducha porque estuvo llorando un rato, no escuchó cuando entraron a su habitación o dejaron aquel vestido.
Miró que no hubiera nadie en la habitación y le puso seguro a la puerta, aferrando su mano derecha a la toalla que cubría su cuerpo.
—¿Quién lo ha dejado aquí? Sin duda es para que lo use esta noche. —Lo tomó en sus manos para poder verlo bien.
Era muy bello, notó que también era su talla.
Revisó en su armario por si tenía unos zapatos adecuados, pero lo mejor que tenía eran sus converse negras. Desgastadas y polvorientas. Las otras deportivas estaban aún peor.
¿Se lo pondría con eso?
No le quedaba de otra.
Tomó asiento en la cama, sabiendo que se sentiría muy avergonzada de usar unas converse para una cena en la que obviamente había que ir elegante, porque el vestido lo era, Vasily iría de igual modo. Sus ojos se aguaron ante la idea de hacer el ridículo; sentía que estaba haciendo algo malo, pero no sabía qué.
El trabajo de niñera era bueno, todo se resumía a cuidar de Roxana y enseñarle, no tenía ni una queja, sería catastrófico que el Pakhan encontrara otro trabajo para que ella, uno que de seguro no le agradaría.
Prácticamente esa casa era un refugio, poco le importaba no salir, pasar los días y las semanas allí, estaba a salvo, era lo único que le importaba y no se iba a quejar por estar a salvo, segura y con todo lo que necesitaba, era una libertad muy limitada, pero no se quejaba.
Nadie la molestaba, pasaba sus horas con Roxana y estaba pagando una deuda que no era suya, pero al menos nadie se metía con ella.
Cuando se vistió, se dio cuenta que no podía usar ese tipo de zapatos con aquel vestido, lo más lógico era quitarse el vestido y vestir algo de su ropa, común, corriente y vieja.
Frente al espejo observó su aspecto ordinario. No podía hacer nada al respecto.
Pero se preguntaba… ¿Cómo sería cenar con el Pakhan?
[…]
Esperó en su despacho a que llamaran a Nerea para ya salir a la reserva que tenían para la cena de aquella noche.
Aisha llamó a su puerta con Nerea detrás.
La mujer tenía una expresión graciosa luego de ver el atuendo de Nerea, quería reírse y no parar de hacerlo, pero ya estaba frente a su jefe, por lo que debía mantener la compostura.
—Ya está aquí, señor—le anunció al Pakhan. Se hizo a un lado para que Nerea pasara, permaneció allí, alerta para ver la expresión que tendría el Pakhan al ver a Nerea.
La joven entró, llevaba sus manos hacia atrás, ocultas en la espalda, aquel pantalón jean gastado y esa blusa blanca de tirantes junto con sus converse dejó anonadado a Vasily.
Se preguntaba dónde estaba el hermoso vestido que él dejó en la habitación de la joven mientras ella se bañaba.
—¿Estás lista? —el Pakhan se puso de pie. Nerea sintió como si la sombra de su figura la envolviera. Temerosa, dio un paso hacia atrás, chocando con Aisha. La mirada de aquel hombre repasaba cada parte de su aspecto, dejando que sus ojos fríos estremecieran el cuerpo de Nerea.
—Estoy…lista. —Sus manos cayeron a ambos lados cuando él salió de detrás de su escritorio y rodeó la mesa para llegar a Nerea. Le dio una última mirada, siguió hasta la puerta y la sujetó para que Aisha saliera.
Vasily regresó junto a Nerea, tocó su hombro y sujetó uno de los tirantes de su blusa.
—¿Tienes alguna idea de a dónde vamos a ir a cenar?
—No, señor. No lo sé. —El llanto se asomaba, pero Nerea no quería dejarlo salir.
—Cómo se nota que no lo sabes. ¿Qué pasó con el vestido que dejé en tu cama? —Nerea se tensó al saber que él entró a su habitación mientras ella tomaba una ducha—. ¿No te gustó? ¿No coincidió con tu talla o esta es tu mejor manera de expresar que no quieres ir a la cena? ¿Intentas mostrarte valiente al llevarme la contraria? Porque desde ya te digo que no es buena idea, Nerea. —Avanzó lentamente con su rostro hacia el de ella, sus ojos se colocaron a la misma altura de los de Nerea, la mujer pestañeó varias veces y luego quedó hipnotizada ante la penetrante mirada del Pakhan—. ¿Vas a llorar o piensas responder?—Lo que él veía como una rebeldía, resultaba ser todo lo contrario para Nerea. Necesitaba estar en armonía con él para poder quedarse con ese trabajo y que él no decidiera ponerla hacer otras cosas para saldar la deuda de su padrastro. Las lágrimas salieron primero que las palabras. Al verla llorar él se apartó. Tomó el pomo de la puerta y abrió—. Vamos. Realmente me importa poco tu aspecto. Imagino que no supondrá mucha diferencia. Un elegante y costoso vestido, un jean con una fea blusa, ambos te quedarían igual de mal, para ser sincero.
Nerea obligó a sus pies a moverse para salir del despacho de él. Avanzó hacia la puerta, al fondo los esperaba el chofer y tres hombres más. Desde allí Vasily guio sus pasos hasta entrar al coche.
Dentro, él se concentró en su móvil, ignorando magistralmente la presencia de Nerea.
Cuando llegaron al restaurante, Nerea se negó a salir del coche, viendo el nivel de elegancia que tenía el lugar.
—N-No puedo salir así—dijo en voz muy baja, mirando hacia el Pakhan.
—Vas…a…salir—sujetó su mano y la obligó a salir cuando tiró de ella—. ¿Viste que no era tan complicado?
Si antes Nerea se sentía fuera de lugar, peor fue cuando entraron.
Sus ojos se veían impresionados con cada cosa que veía allí dentro, sintiéndose humillada con cada mujer que pasaba a su lado, recibía todas las miradas, y no eran agradables.
El camino de guardaespaldas del Pakhan los guiaron hacia la mesa donde tenían la reservación, para alivio de Nerea alrededor de ellos no había nadie más, solo ellos.
En aquella mesa ella dejó sus manos debajo, reposando sobre sus muslos, un silencio incómodo estuvo hasta que pidieron las bebidas, ella solo ordenó agua.
Miró el menú, leer en ruso no era su fuerte, buscó para ver si había una parte en inglés o en español, pero no fue posible.
Esperó a que Vasily ordenara y ella pidió lo mismo, recibiendo una mirada de él.
Las manos de Vasily se apoyaron sobre la mesa, inclinándose hacia Nerea.
—¿Te gusta el picante? —le preguntó, entrecerrando los ojos.
—¡Me encanta! —mintió. No podía dejar que él supiera lo mal que se le daba leer en ruso, eso podría afectar su trabajo como niñera de Roxana. De todos modos, quería hablarle sobre contratar un profesor para Roxana, una vez que ella supiera algo del idioma. No estaba cualificada para enseñarle nada a Roxana, pero le atemorizaba decirlo sin que pareciera que ella no era útil para su trabajo de niñera.
Cuando llegó la cena, Nerea miró el plato frente a ella.
La sonrisa de Vasily se fue ampliando con un toque de gracia y de malicia, mirando el preciso momento en el que Nerea se llevaba el primer bocado a la boca. Creía que le iba a picar, por eso llevó tan solo un trozo muy pequeño, deseando no hacer una escena cuando su boca ardiera. Mantuvo el agua cerca, lista para beber si su boca sentía aquel fuerte picante.
La risa de Vasily detuvo la avanzada de la cuchara, ella se detuvo para mirarlo, devolviéndolo al plato.
—Tranquila. Lo que pedí no pica. —Los hombros de Nerea se relajaron al saber aquello. Él se había estado burlando de ella. Pero para ella no era gracioso. La seriedad en el rostro de Nerea hizo que Vasily dejara de reír—. Fue gracioso, tienes que admitirlo.
—¿Burlarse de mí?
—¿No hiciste lo mismo al venir vestida de ese modo? —le dio una mirada rápida.
Realmente Nerea no tenía apetito y ahora menos.
Era la primera vez que salía de la casa del Pakhan desde que fue llevada allí, pero no estaba siendo nada agradable. Prefería cenar con Roxana, las dos tranquilas y solas.
—¿Se molestó en preguntar si tendría el calzado adecuado para ese vestido? —preguntó. La mirada de él cambió por completo. No se le ocurrió en ningún momento esa posibilidad. ¿Entonces…se debió a eso? —¿Cuál cree que sería el atuendo más adecuado? ¿Jeans y converse? ¿O vestido y converse? No le pedí que me trajera aquí y hasta donde usted mismo dijo mi trabajo solo es con Roxana, no venir a lugares ostentosos para comer un platillo ridículo.
—¿Ri…dículo? —La expresión de Vasily se descolocó al escuchar el insulto a su platillo, sus dedos se cerraron hasta convertirse en puños y con la mandíbula tensada miraba a la mujer.
—¿Puedo irme?
—No, hasta que te comas el ridículo plato que pediste, Nerea—le indicó con voz autoritaria, pero enseguida intentó calmarse. No quería hacer una escena con la niñera de su hija por una simple cena o un vestido sin tacones, jeans o converse. No entendía ni cómo era que salían de un tema para entrar directo en una discusión. Pero bastaba segundos de hablar para que ambos salieran enojados o ella llorando—. Siento que no haya pensado en los zapatos, pero ¿quién no tiene unos tacones?
—Yo.
—Pues tendrás tacones, ¿podríamos olvidar lo del vestuario y cenar en paz? Siento que contigo todo es una guerra.
—Solo nos hemos visto tres veces, ¿no?
—Y han bastado para darme cuenta de que me creas problemas, Nerea—le sonrió, dejándole ver que aquella noche podrían hacer un acuerdo de paz, pero Nerea no consideraba que le diera guerra, solo estaba siendo ella misma.
—Esta noche no le daré problemas —ofreció Nerea como una ofrenda de paz en una guerra que ella desconocía.
—Eso sería agradable.
Cada uno se concentró en cenar y cuando terminaron…tocaba hablar.
