Capítulo 30

Emma

La luz de la mañana en París se sentía distinta al resplandor implacable de Nueva York: más suave, casi como pidiendo disculpas, como si la ciudad misma supiera lo que había pasado la noche anterior. Yo estaba junto a la ventana de mi suite, todavía con la ropa de ayer; la botella de vino inta...

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