Capítulo 59 59

―Ciudad de México.

Me incorporé tan rápido que la sábana cayó hasta mi cintura.

―¿Cuándo?

Zayen seguía con el teléfono en la mano.

―El mismo día que tú llegas.

Lo miré.

―Eso no puede ser casualidad.

―No lo es.

Mi estómago se apretó.

―¿Qué hiciste?

Su expresión cambió.

―Nada.

―Zayen.

―Ameyali, yo no ...

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