Capítulo 47 47

Le supliqué a David que hablara en bien de mí. Pero su respuesta me dejó desconcertada, dijo que no iba a defender a una niña malcriada.

—Tú me odias. No pienso sacrificarme por ti.

Dijo con unas palabras tan frías como el hielo e hirientes como una daga.

Le ofrecí dinero a cambio de su silencio....

Inicia sesión y continúa leyendo