Lo siento, Dra. Susan

Por un momento, los ojos de Henry se oscurecieron, su sonrisa desapareciendo. Pero luego soltó una carcajada, el sonido escalofriante y sin ningún indicio de humor genuino.

—Adelante. Grita todo lo que quieras —la desafió, su voz baja y burlona—. Nadie va a venir a salvarte. Eres mía para hacer lo ...

Inicia sesión y continúa leyendo