Tal vez sea hora de que te vayas al carajo

La expresión severa de la señora Abigail se suavizó, sus labios curvándose en una sonrisa satisfecha.

—Sé que lo harás, Sophia. Sé que lo harás.

Con eso, abrió la puerta de su oficina, desapareciendo dentro y dejando a Sophia sola en el pasillo vacío.

Una oleada de determinación impulsó a Sophia ...

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