Nunca querría faltarte el respeto de esa manera

Cedric se encogió de hombros, imperturbable.

—Haz lo que quieras con el dinero —respondió, su mirada fija en algún punto más allá de ella—. Tómalo, déjalo— no me importa.

Las mejillas de ella se enrojecieron de ira y humillación, cada palabra la golpeaba como un golpe físico.

—¡No puedes simpleme...

Inicia sesión y continúa leyendo