Un anillo de cincuenta mil dólares

Sophia entonces levantó la barbilla, sin apartar la mirada de Margaret.

—Cree lo que quieras, simplemente no tengo tiempo para tus estúpidos juegos hoy.

Pasó junto a ellas, con una mezcla de satisfacción y amargura en el pecho mientras finalmente entraba en el aula.

Dentro, encontró un asiento en...

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