Ella

—¡Jill! ¡Jill!— grité a todo pulmón.

—¡Oh, esa bruja!— pude escuchar decir a Jill.

—¡Jill!— troné aún más fuerte.

La observé desde mi oficina mientras ella se levantaba de su asiento y, a regañadientes, caminaba hacia mí. Su cara estaba completamente arrugada como la de una criatura aterradora.

...

Inicia sesión y continúa leyendo