Capítulo 2 El dolor de mis entrañas. PASADO.
Cinco años antes
Acababa de cumplir mis dieciocho años y nuca pensé encontrarme con una enorme barriga y a punto de dar a un bebé que ni siquiera podría hacer permanecer a mi lado.
En Nápoles la vida era demasiado hermosa para algunos y miserable para otros, según a la clase social a la que pertenecías tu vida era de ensueño y podías conseguir cualquier deseo que te propendieses o todo lo contrario y.… desafortunadamente en esa ciudad bella, fogosa y maldita a la vez, los contrastes sociales eran realmente extremos, habiendo muy ricos y pobres, y mi familia y yo nos encontrábamos en el segundo grupo.
Yo me había enamorado de alguien que me había robado el corazon durante una año largo y eterno, pero que había desaparecido, abandonándome los últimos dos meses de embarazo y haciendo que quisiese desaparecer del mundo por la enorme tristeza que albergaba mi joven y aun inocente corazon.
Cuando lo conocí pensé que realmente habría un final feliz, es lo que hace que sientas el primer amor, y yo de verdad creí al sentir todo ese sinfín de sentimientos dentro de mí que todo sería posible, que podríamos empezar una nueva vida juntos y mi vida seria maravillosa junta a él para siempre.
“Empuja Karina.” Esa frase quedó grabada para siempre en mí aquella noche cálida.
Yo había despertado en plena madrugada, nunca había sentido ese dolor, eran como pequeños golpes dentro de mí, como si alguien estuviese estirando con fuerza de mis propias entrañas. Yo sabia soportar el dolor, pero a los pocos minutos no pude evitar gritar, y mi madre se despertó, se levantó de la cama y corrió hasta mi cuarto.
“¿Qué te ocurre Karina?” Preguntó nerviosa, ambas nos miramos, sus ojos azules reflejaban que ella ya conocía que estaba ocurriendo, y yo también a pesar de que nunca había sentido ese dolor.
“Ha llegado el momento.” Dijo ella rápidamente.
“Tengo miedo.”
“Es el momento, y no puedes tener miedo… todo saldrá bien.”
Sabía que ese día llegaría, tarde un temprano, un embarazo solamente podía durar nueve meses, en mi casi se retrasó una semana más, pero ese estado tenía un comienzo y un final.
No había sido fácil pasar los últimos dos meses sin él, sentirme devastada, emocionalmente abandonada por quien mas había amado.
Mientras sentía el dolor más intenso y profundo en mi no pude evitar que lagrimas cayeran por mis ojos y volví a gritar y en mi cabeza en esos instantes fugaces y eternos a la vez que contenían el dolor mas fuerte e inolvidable recordé los momentos más increíbles.
“Te quiero”. Cuando me lo dijo por primera vez lo creí y solo debí haberme alejado, yo era demasiado inocente, pero creí que el había destrozado esa parte de mí, aunque aún había mucha inocencia desgraciadamente en mí.
“Siempre estaremos juntos Karina” “Seremos una familia” “Saldremos de aquí, y empezaron lejos de este lugar, tu, él bebe y yo” …
Nunca debí creer en las palabras en alguien que realmente no valía nada, pero el amor y mas el primero tiene el terrible poder de anestesiar el cerebro, de básicamente drogarlo y analizarlo, no dejar ver las verdaderas alertas de peligro y solo exponer una realidad falsa y puramente embriagadora de los sentidos.
Recordé cuando tuve que decírselo a mi madre, y como abofeteo mi rostro, y varias lagrimas salieron de mis ojos.
Eres realmente una vergüenza para esta familia. Me grito mirándome con una gran decepción. Suerte que mama se quedo a mi lado, no solo en presencia como el, sino protegiéndome y cuidándome de verdad, ella siempre lo hizo, era un ángel para mí, la única que creyó en mí.
Y yo pasé prácticamente medio embarcado durmiendo y ella se quedaba junto a mi en la cama, sentada, rezando por mi en silencio y acariciándome el pelo.
“Siempre has sido buena en los estudios”.
“Pero eso ya no importa mamá…”
Él acababa de abandonarme, y yo sentía que las palabras de mi padre de que había tirado mi vida por la borda eran ciertas.
“Tienes una vida larga, eres muy joven, después de tener el bebe debes luchar Karina” me dijo mi madre sujetando mi mano y yo llore, ni siquiera me quedaría con el bebé que crecía dentro de mi rápidamente cada día y aquello realmente me destrozo.
Después de romper aguas enseguida me llevaron al hospital, yo me sentía confundida y frágil, y me atendieron muy rápido.
“¿Puedo pasar con ella?”
“Señora solo el padre puede pasar.”
“Ya, pero no hay padre…” Dijo mi madre algo triste, aquello en Nápoles era una vergüenza, una ciudad llena de religión y donde la reputación importaba mas que la bondad y principios de una persona.
“Lo siento, pero no puede pasar.”
“Pero solo es una niña. Veo que no tienes corazón en el pecho…”
Yo escuchaba a mi madre quejarse a aquel estúpido enfermero que no llegaría a mas de treinta años, mientras yo ya estaba en una cama sola, sintiendo las contracciones cada dos minutos y que mi interior iba a partirse en dos en cualquier instante. Pase una hora debatiéndome en un dolor insoportable e insufrible como si se tratase del auténtico infierno, hasta que por fin pasaron la cama a la sala.
“Es demasiado joven…” escuché murmurar a un par de enfermeras.
Media después, tras pedirme que empujase, estaba exhausta y pensé que podría morir en cualquier segundo.
“La barriga es demasiado pequeña traigan la incubadora, el bebé no pesará más de un kilo y medio.” Dijo el doctor. “Empuja de nuevo, muchacha, solo una última vez.”
Pude escuchar que tenían miedo de que el cordón se hubiese liado al cuello del bebe y yo le pedí en mi mente a Dios que no fuese así, ese bebé no tenía la culpa del pecado que yo había cometido y entonces.
“Oh… ya está, sacarla, ahora.” Escuché al doctor. “Es una niña.”
Yo me sentía destrozada, el dolor había sido tan intenso que apenas podía sentirlo ya, y entonces pudieron a la bebé sobre mí, pequeñita, vulnerable, hermosa, con los ojos cerrados y me di cuenta de lo difícil que sería separarme de ella.
Fue la noche más dura y triste de mi vida, me sentí conectada a esa bebé hermosa que alejarían de mí y sola, abandonada por un amor que al menos yo creí verdadero y del que recibí la peor traición.
