Capítulo 3 Bebé oculto. PASADO.

_No quiero darla... quiero quedárme al bebé.

Me habían llevado a una habitación después de dar a luz, mi bebé dormía hermosa placidamente al lado de mi cama en una cuna demasiado pequeñita y mi madre estaba sentada junto a mí, en una mecedora, mientras sostenía con ambas manos la mía derecha.

_Sabes que es por tu bien y el suyo, no puedes quedarte con el bebé. 

_¿Pero yo...?

_Sé que es muy difícil ahora que la has visto pero Karina ¡Maldita sea!... Estamos en Nápoles, ¿ Qué pensará la gente si ven que has traido al mundo a un bebé sin ni siquiera estar comprometida?

Realmente, me importaba absolutamente nada lo que pensase mis vecinos o cualquiera de mi alrededor, pero en cambio a mi madre parecía importarte demasiado. Se había pasado mi embarazo haciendo vestir ropa muy ancha, y durante los meses practicamente me había mantenido presa en casa y cuando conocidos preguntaban por mí, solía decir que estaba estudiante o me encontraba enferma. 

_Estás a punto de conseguir por tus cualificaciones una inmensa beca para asistir a una de las mejores universidades de la ciudad ¿ Vas a tirar eso por la borda por un error?

Me dolió que calificase a mi bebé de "error" realmente ella había nacido del amor más sincero, al menos por mi parte. 

_Puedo seguir estudiando con ella, eso no tiene nada que ver...

_¿Cómo Karina? En la casa llegamos a fin de mes con muchísimo esfuerzo, un bebé solo ocasionará gastos y falta de tiempo para que te concentres. 

Yo solo tenía unas enormes ganas de llorar. 

_Y además, si consigues esa preciada oportunidad tú te relacionarás con personas que grandes recursos y riqueza. Quizás incluso puedes conocer un hombre interesante y decente, con quien comprometerte y... ¿ Quién iba a casarse con una madre soltera?

En ese momento lágrimas cayeron por mis mejillas. 

_Lo siento cariño, no quiero hacerte daño, solo que abras tus ojos. Tienes toda la vida por delante, estás llena de oportunidades y sueños... tu tía Eleonora no puede tener hijos y criaría a la bebé como si fuese suya, ella y su esposo tienen mejores condiciones ecónomicas que tu padre y yo, podrán cuidarla, darle una buena vida. ¿No deseas que el bebé tenga esa opción y tú la de conseguir lo que te propongas?

No sé cómo me convenció, solamente sé que me sentía sola, vulnerable y demasiado confundida. Tenía dieciocho años y muchísimo miedo, no tenía experiencia, coraje ni dinero, y solamente contemplé esa elección ¿ Qué más podía hacer? Si me quedaba con ella sería yo sola con un bebé a mi cargo contra el mundo, mis padres no lo aceptarían, sobre todo mi madre, eso estaba más que claro. 

Así que solo accedí aquello con un enorme dolor en mi corazón. El bebé tendría una familia con más recursos que la mía defintivamente, que pudiesen amarla y consentirla, y yo ocultaría ese secreto para siempre, como si jamás hubiese ocurrido, y seguiría con mi joven vida.

Aproveché al máximo los dos días en el hospital para abrazar y mimar a mi bebé y entonces la hermana más joven de mi madre, quien tenía mejor nivel ecónomico al contraer matrimonio años atrás con un empresario de la zona, apareció para llevársela. 

_Puedes estar tranquila Karina _ me dijo con una mirada clara que parecía sincera. _ La cuidaré muy bien... además podrás venir a verla siempre que desees. _Dijo sonriente. Ella llevaba años intentando quedar embarazada sin éxito.

Y entonces se llevó a mi bebé y recuerdo como yo quedé realmente triste. Me quedé dos semanas prácticamente encerrada en mi cuarto llorando en mi cama, hasta que un día llegó aquella tarde que mi madre abrió y me dio la noticia. 

_Karina, cielo, te concieron la beca para la mejor universidad privada de Nápoles.

No podía negar que me levanté de la cama feliz, entusiasmada después de eternos días de oscuridad, pensando que de verdad haber dado a mi bebé y ocultar que había sido madre había merecido la pena, como si fuese sido por un gran bien mayor y todo tuviese sentido cuando en realidad no fue así.

Abrázame pequeña _ mi madre abrió sus brazos y yo fui hacia ella, sintiendo rechazo en mi interior, me costó comprender después de varios años que en realidad eso era el odio que albergaba en mi corazón por lo sucedido. Ahora solamente debemos preparar ropa bonita para que tu imagen sea perfecta. 

¿Pero qué importaba que mi imagen fuese bonita si por dentro me sentía completamente miserable? Y no me refería en lo que concernía al dinero.

El primer día de universidad me puse ropa hermosa que mi madre me había preparada, luciendo como una verdadera chica de clase alta. Ella me preparó un buen desayuno y pareció ser una madre amorosa durante aquellos momentos. Mi padre ya había empezado su larga jornada laboral para mantener a la familia y ni siquiera estaba allí como era habitual. 

Al llegar aquella universidad hermosa, enorme, con un gran jardín en el centro para los estudiantes, cafetería lujosa con cientos de opciones, y estructuras de piedra en los tejados, me di cuenta de que realmente era como si estuviese en otro mundo. Ni en mis mejores sueños hubiese pensado que podría haber acabado accediendo a estudiar allí.

Me costó mezclarme, hacer amigos, hablar con esas personas ricas que pertenecían a otro rango social alto y exclusivo. Yo tenía muy claro que yo era completamente diferente a todos ellos. Aquellos estudiantes procedían de la clase más alta de la sociedad italiana y yo en cambio, venía cada día con el autobús de uno de los peores barrios de las afueras de la bella Nápoles. Un lugar aislado en donde los índices de peligrosidad y delincuencia eran demasiado altos. 

La triste realidad era que yo era la única estudiante de allí que iba a la universidad, al menos la única que asistía a la privada teniendo esa privilegiada opción. 

Supe desde el primer momento que me asignaron esa enorme beca que debía fingir ser uno de ellos, porque sino jamás me aceptarían. Fue complicado disimular pertenecer a su clase social, intentar adaptarme pero a la vez mantenerme alejada y con un perfil bajo, detenerme en una parada suficiente alejada del campus universitario para que nadie me viese llegar en transporte público hasta allí. La Karina de Scampia, el peor lugar de la ciudad, debía hacerse pasar por una muchacha rica y confiada, cuando era todo lo contrario, pobre y llena de inseguridades.

Después de unos días después de mi clase de literatura vi por la ventana como el cielo se había llenado de nuches enormes negras. Una gran tormenta llegaría y Scampia se inundaria, lo que implicaba que quizás el trasporte se detendría, tenía que salir cuanto antes de allí. Así que simplemente pedí permiso al profesor y él me lo concedió al instante, en ese lugar no había ningún problema, estudiar allí era tan caro que el estudiante era visto como cliente.

_Hola... _ esuché una voz bonita masculina y al levantar la mirada me topé con aquellos hermosos ojos azules que por un momento parecieron ver a través de mí y simplemente me avergoncé. _ Se te cayó esto.

Yo había salido corriendo de la clase sin mirar atrás, solamente pensando en mi cabeza que debía darme prisa para llegar a la parada de autobús y coger el primer que llegase a mi pobre barrio.

Él era alto, increiblemente guapo y yo estaba algo confundida, entonces alargó su mano y ¡Díos mío! ¡No! Tenía mi jodido bono de autobús interurbano. Para comprender el por qué de sentirme tan sumamente avergonzada, solamente hacía falta darse una vuelta por aquel centro inmenso universiatrio donde practicamente cada estudiante llevaba un coche de última gama carísimo comprado por sus padres empresarios.

_¿Es tuyo no? _ Preguntó algo perplejo. 

Yo alargué la mano muy rápido y me guardé enseguida el bono en los bolsillos de mis jeans oscuros.

_¿Vas en autobús?

Aquella estúpida pregunta me hizo mirar hacia los lados, pero afortunadamente ese chico y yo estábamos solos en el largo pasillo.

_Sí, es que me gusta integrarme con las demás personas. _ Dije de forma irónica. Él levantó en ese momento la ceja como si no supiese si hablaba en serio o estaba siendo irónica.

No supe qué me ocurrió exactamente, pero el dolor y la rabia que llevaba en mi interior se desataron en aquel momento, pensé es guapísimo y ... también un completo imbécil. 

_¿Has subido tú alguna vez en uno? Puede ser una gran experiencia... _ dije de nuevo esta vez con una ironía evidente y entonces le di la espalda y comencé a caminar rápido de nuevo, estando segura de que aquel chico simplemente me observaba confundido sin poder creer las indirectas de clase social pobre que le acababa de soltar.

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