Capítulo 10 Capitulo 10

—Oh Dios mío, estás tan duro... —Sentí su dureza y no pude resistirme a frotarme contra ese montículo, retorciéndome mientras mis brazos rodeaban su musculosa espalda, agarrándome donde podía.

Al pasar los dedos suavemente sobre el encaje que llevaba puesto, sentí que mi punto sensible se endurecía...

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