Capítulo 3 Veneno de un informe falso
POV JASMINE
La cercanía de Kathryn me resultaba asfixiante. El aroma de su perfume costoso se mezclaba con la hostilidad que siempre había profesado hacia mí, llenando el lujoso vestíbulo de una tensión insoportable. Di un paso atrás, negándome a dejarme intimidar en la que ahora, por mucho que a Dorian le pesara, era mi casa.
—No tengo tiempo para tus juegos, Kathryn —dije, manteniendo la voz firme y fría—. Si viniste a burlarte de mi matrimonio, puedes marcharte por donde entraste. Las puertas de la mansión Clark no están abiertas para ti.
Kathryn soltó una carcajada estridente que ecoó en las paredes de mármol. Sus ojos perfectos, idénticos a los míos pero desprovistos de cualquier rastro de empatía, brillaron con diversión.
—¿Tu matrimonio? Por favor, Jasmine. No te des aires de grandeza. Los dos sabemos que eres una simple ofrenda de paz. El sustituto barato de lo que verdaderamente le correspondía a esta familia.
Sostuvo el sobre blanco entre sus dedos con delicadeza, deslizándolo de un lado a otro como si fuera un arma cargada. La curiosidad y un mal presentimiento comenzaron a morder mi estómago.
—¿Qué es eso? —pregunté, odiando la debilidad de mostrar interés.
—Esto, mi querida e ingenua hermanita, es la libertad que creíste haber perdido, o el boleto directo a tu ejecución —respondió Kathryn, suavizando su tono con una dulzura falsificada—. Es el historial médico confidencial de Dorian Clark. El reporte definitivo tras la emboscada que sufrió el año pasado.
Me quedé helada. Recordé las crueles palabras de Dorian en el auto y su advertencia en la mesa del desayuno: "No esperes herederos". Recordé el fuego salvaje de la noche anterior, una pasión que no parecía la de un hombre roto, pero que ahora cobraba un sentido completamente distinto ante las insinuaciones de mi hermana.
—No me interesa el pasado de mi esposo —mentí, enderezando la espalda.
—Debería interesarte. Porque el gran jefe de la mafia, el temido Dorian Clark, está completamente estéril —soltó Kathryn, lanzando la frase con una satisfacción morbosa—. La metralla y las cirugías dañaron su cuerpo de forma irreversible. El doctor Vance, el médico principal de la familia del cartel, firmó este diagnóstico hace seis meses. Impotencia funcional y esterilidad absoluta del cien por ciento. Un hombre sin capacidad de dar continuidad a su apellido. Un árbol seco.
El impacto de sus palabras me dejó sin aliento. Aunque Dorian me lo había advertido, escucharlo con tanto detalle técnico y ver el regocijo en el rostro de mi hermana hizo que la realidad me golpeara con fuerza. ¿Por eso Dorian me trataba con tanta frialdad durante el día? ¿Era su distanciamiento una coraza para ocultar la vergüenza de su condición ante la mujer que le habían impuesto? ¿Por eso se volvía una fiera en la oscuridad, intentando demostrarse a sí mismo que aún conservaba su hombría?
—¿Por qué me estás diciendo esto? —mi voz flaqueó un milisegundo, y Kathryn lo notó.
—Porque quiero que entiendas tu lugar, Jasmine —dijo, dando un paso hacia mí y metiendo el sobre a la fuerza en el bolsillo de mi abrigo—. Te salvaste de mí ayer, pero no te salvarás de él si intentas jugar a la esposa perfecta. Dorian Clark aborrece la lástima. Si descubra que sabes su secreto más humillante, te destruirá. Pero si te quedas callada y juegas tus cartas, este papel puede ser tu seguro de vida. Un Clark que no puede tener hijos es un Clark cuyo imperio morirá con él. No le des motivos para sospechar de ti.
Se dio la vuelta, acomodándose el abrigo de piel con un movimiento fluido. Su sonrisa de suficiencia regresó, habiendo inyectado con éxito su veneno en mi mente.
—Disfruta tus noches de pasión con el monstruo, hermanita. Al menos sabes que no tendrás que preocuparte por traer más maldición a este mundo. Nos vemos pronto.
Se marchó, dejándome sola en medio de la inmensa estancia. Mis manos temblaban de manera descontrolada mientras sacaba el sobre blanco de mi bolsillo. Lo abrí con torpeza y desdoblé los papeles con el membrete oficial de la clínica privada de la mafia Clark. Allí estaba, impreso con tinta negra e inapelable: el nombre de Dorian Clark, los detalles de sus lesiones y el diagnóstico de infertilidad permanente firmado por el doctor Vance.
No tenía idea de que en ese mismo instante, en una clínica clandestina al otro lado de la ciudad, Kathryn ya estaba depositando una fuerte suma de dinero en la cuenta personal del doctor Vance para asegurar que el informe verdadero, el que mostraba una milagrosa y lenta recuperación en los tejidos de Dorian, nunca viera la luz.
Guardé el documento falso en el rincón más oculto de mi vestidor, sintiendo que llevaba conmigo una bomba de tiempo.
Las semanas pasaron con una rutina asfixiante y esquizofrénica. De día, Dorian era el demonio de hielo; apenas nos cruzábamos palabras en las comidas y me ignoraba frente a sus hombres, recordándome constantemente que yo era solo un adorno estratégico. Pero de noche, la historia se repetía con una intensidad que me consumía el alma. Sus manos me buscaban en la penumbra con una desesperación febril, como si yo fuera su único refugio en un mundo de sangre y balas. Y yo, contra todo pronóstico, comencé a enamorarme de ese monstruo nocturno.
Hasta que una mañana, el destino decidió cobrarse el precio de mi ingenuidad.
Me desperté antes de que el sol saliera, sintiendo una oleada de náuseas tan violenta que me obligó a correr hacia el baño de la habitación principal. Me arrodillé frente al retrete, mareada, con el cuerpo temblando y un sudor frío cubriéndome la frente.
Cuando logré ponerme de pie y me lavé la cara en el lavamanos, una sospecha terrible y maravillosa cruzó mi mente. Miré el calendario en la pared. Mi período llevaba dos semanas de retraso. El suelo pareció desaparecer bajo mis pies.
Salí del baño a tientas, con el corazón en la garganta, solo para detenerme en seco. Dorian estaba de pie junto a la cama, completamente vestido, con los brazos cruzados y una mirada tan oscura y penetrante que me heló la sangre. Había escuchado todo. En su mano derecha, sostenía el sobre médico que Kathryn me había entregado semanas atrás y que él acababa de descubrir.
—¿Me puedes explicar qué significa esto, Jasmine? —su voz no era fría; era un rugido bajo, cargado de una furia asesina que nunca antes le había visto—. Y más vale que pienses muy bien tu respuesta antes de que pierda la paciencia.
