Capítulo 5 5
Una pelinegra corría, saltaba y brincaba de la emoción, mientras llegaba a la dirección que le había dado Andew momentos anteriores.
Se había parado un instante para llamar a sus padres y contarles que ya había encontrado apartamento, que cuando lo tuviera todo listo, cuando pudieran; podrían hacerle una visita.
Cuando llegó, se encontró a Andrew delante de unos enormes pisos modernos del centro de Londres. Se abrazó a él y le volvió a dar las gracias por todo lo que la había ayudado, aunque no se conocieran de mucho.
—Vamos, ¿tendrás ganas de verlo, no? —dijo abriendo el enorme portal de entrada.
—¡Claro! —dijo siguiéndole.
Cuando entraron, las luces se encendieron solas, dejando atónita a Madison: la entrada parecía la recepción de un hotel de cinco estrellas.
Andrew la esperaba sonriente dentro del ascensor, en el que por lo menos cabían quince o veinte personas. Se metió, fijándose en que Andrew le daba al botón que señalaba al último piso.
"¡Veinticinco plantas! ¡Por Dios! ¡Este es un edificio de lujo!
—¿Andrew? ¿No me estarás gastando una broma, verdad? —dijo admirando los acabados y detalles del enorme ascensor.
—¿Por qué debería? Esta es una de las cosas más serias que he hecho en mi vida, te lo aseguro —dijo divertido.
¡Más que seria iba a ser la cara de su hermano cuando se enterara de toda la movida!
Llegaron al último piso y las puertas empezaron a abrirse, dando lugar a un solo recibidor con una puerta. El suelo estaba enmoquetado, igual que en los hoteles y la cerradura de la puerta era plana, como si tuvieras que entrar una tarjeta para abrirla.
Andrew introdujo una llave, no una tarjeta, pero era plana y de metal como todas las demás. Al instante se escuchó un ruido metálico y se abrió la puerta.
—Bienvenida a tu nuevo hogar, Madison —dijo Andrew, apartándose a un lado para que pudiera pasar.
Aquello era un sueño: grandes ventanales que daban a la mejor vista de Londres, sin duda, se podía ver toda la ciudad desde allí; una cocina que daba al enorme salón, similar a los que se veían en las películas americanas; grandes y largos pasillos que daban a multitud de habitaciones…
—¡Es todo el piso entero! —exclamó Madison, a punto de darle un infarto.
—Sí, ocupa toda la última planta —dijo orgulloso Andrew, que salía de uno de los pasillos.
Había ido a cerrar la puerta de la habitación de Carter, para que Madison no la confundiera con la suya. Así evitaría preguntas innecesarias antes de que llegara el verdadero propietario.
—Veo que te ha gustado. Ven, te voy a decir cuál es tu habitación —dijo, haciéndole un gesto con la mano para que le siguiera.
Atravesaron casi por completo el pasillo principal hasta llegar a una puerta que estaba al fondo. Andrew la abrió y dejó que pasara la chica primero.
Era una habitación moderna, equipada con una cama doble, equipo de música, escritorio, armario, lámparas, mesillas y una gran ventana que daba al mismo paisaje que había visto en el salón, y una puerta que seguramente daba al baño de la habitación.
Madison se tiró en la cama, chillando de alegría. Esto era más de lo que podía haber esperado.
Se acercó a Andrew, quien se había apoyado en el marco de la puerta.
—Muchísimas gracias por todo, Andrew… De verdad, si no hubiera sido por ti, supongo que hubiera tenido que volver a Bristol con mis padres… muchas gracias —agradeció emocionada.
—Eh, tranquila, peque… Eres una de las pocas personas que conozco que en realidad valen la pena —dijo cariñoso Andrew, mientras que ponía sus manos en los hombros de ella.
Madison se limpió las lágrimas que estaban a punto de salir de sus ojos y sonrió amable al más alto.
—Madison, tengo que ex… —empezó a decir Andrew con voz un poco culpable, cuando empezaron a oírse voces que venían del recibidor.
—¡Ya verá Andrew cuando lo vuelva a ver! ¿¡Quién se cree que es!? ¡Se pensará que tiene derecho a llevarse las llaves de mi auto! —gritó alterado un castaño entrando en el penthouse, junto a un rubio que venía con una mano en la frente, por el dolor de cabeza que tenía.
Ya se habían despejado más o menos de los efectos del alcohol: a Carter por saber que su hermano se había llevado las llaves de su preciado coche sin saberlo y a Chris, por los incesantes gritos que daba su mejor amigo.
—Ya Carter… relájate, ¿sí?… Sólo se las habrá llevado para que no condujeras en ese estado… —dijo Chris cansado, tirándose en el sofá del salón.
Madison miró expectante a Andrew, quién sonreía culpable.
—Creo que ya ha llegado… —murmuró él.
—¿Ha llegado quién? —dijo Madison con los brazos en jarras.
—Ven —dijo agarrándola de un brazo y llevándola a la entrada.
Cuando Andrew entró en la sala, Carter le señaló amenazante y le dijo:
—¡Tú! ¡Maldito ignorante! ¿¡Quién te crees que eres para…!? —paró al recibir la mirada alarmada de su hermano para que dirigiera su mirada a su lado izquierdo, viendo así a una sorprendida pelinegra.
—¡Por fin han parado los gritos! —dijo aliviado Chris, volviéndose hacia su amigo y quedándose igual de petrificado al ver a una chica allí.
Andrew suspiró y miró a Madison, poniendo una de sus manos en la espalda de ella y estirando el otro brazo para señalar a Chris.
—Madison, te presento a Chris —dijo mirando al aludido.
Éste, al escuchar su nombre, se levantó y sonrió con su sonrisa zorruna como él sólo sabía hacer. Se acercó a la susodicha y le acercó la mano.
—Encantado de conocerte, Madison —dijo amistoso.
Madison pareció darse por aludida y decidió responderle a aquel simpático rubio.
—I-Igualmente, Chris —dijo todavía un poco desconcertada, pero sonriendo de la mejor manera posible.
Andrew suspiró aliviado. Por lo menos Madison había conocido a la parte amable de este asunto y presentía que la otra parte no iba a ser para nada amable, ni por supuesto tan divertida como él supuso que fuera cuando su hermano estaba borracho.
—Madison, este es mi hermano menor Carter y… tu nuevo compañero de apartamento —dijo rascándose la cabeza, mientras sonreía nervioso.
Chris hizo lo mismo y se apartó de su amigo Carter, que parecía que iba a explotar de un momento a otro.
—¿¡QUÉ!? —gritaron Carter y Madison, mirando furiosos a Andrew.
—Jejeje —rió éste, nervioso, mientras Carter y Madison se acercaban despacio hacia él. Vio que Chris se iba directo hacia la puerta de salida, pero sólo bastó una mirada de Andrew para que se quedara quieto en el sitio—. Chicos, tranquilícense un poco… Vamos a hablar de esto…
—¿¡Hablar de qué, eh!? ¿¡De que me has engañado!? —espetó Madison primero.
—¿¡De que haces lo que te viene en gana, eh!? —espetó a continuación Carter.
Andrew no sabía dónde meterse… pero entonces se le ocurrió otra idea… enfadarse él también y salir por patas junto con Chris para que resolvieran ellos dos el problema. Claro, se iban a quedar fuera por si acaso Madison necesitaba ayuda con el insensible y bruto de su hermano.
