Capítulo 101

Las siestas de invierno eran una tortura en forma de edredón. La cobija empezaba helada. Para cuando tu cuerpo por fin lograba calentarla, sonaba la alarma y te arrancaba de vuelta al mundo como un cobrador de deudas con un sentido del tiempo impecable.

Mejor no dormir en absoluto.

Después de come...

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