Capítulo 30 La pitón

No importaba cuán cuidadosos fuéramos, el sonido de nuestros pasos eventualmente nos delató. Isabella se giró, sus emociones desbordándose al vernos.

—¡Aléjate, Michael, idiota! ¿Por qué dirías esas cosas? ¿Cómo puedes ser tan descarado? ¡Pervertido! Si no me hubieras amenazado, nunca habría hecho ...

Inicia sesión y continúa leyendo