Capítulo ciento treinta y nueve

Jace le quitó la venda de los ojos a Eliana. Ella entrecerró los ojos debido a la intensidad de la luz. Pero gradualmente, sus ojos se ajustaron al brillo. Se posaron en su esposo, quien sonreía de oreja a oreja.

—¡Sorpresa! —dijo Jace, levantando las manos en el aire.

Eliana miró a su alrededor y...

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