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—¡No, yo...!

—¿No eres una de las chicas del motel? —preguntó antes de arrinconarme contra la pared.

Sabía que me veía mal, pero no me parecía en nada a una prostituta y, aunque lo fuera, apuesto a que no se suponía que debía ser tratada como una muñeca con la que todos podían jugar.

Miré hacia e...

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