Capítulo 1 La oferta del diablo
La Oferta del Diablo
El flash de las cámaras la cegó por un segundo. Valeria Montenegro respiró hondo, ajustó el tirante del vestido negro que ella misma había diseñado —sencillo, pero con un corte que hablaba de poder— y sonrió con esa mezcla de confianza y desafío que había perfeccionado en los últimos tres años.
—Valeria, ¿es verdad que Vespera está negociando con una gran casa europea? —gritó un periodista.
—Val, ¿qué se siente haber pasado de ser acusada de plagio a convertirte en la favorita de las redes? —añadió otra.
Ella levantó la barbilla, dejando que la tela fluida de su falda se moviera con elegancia mientras bajaba los tres escalones del pequeño escenario improvisado en el evento de moda sostenible en Miami.
—Se siente como justicia —respondió con voz clara y firme—. Y como un recordatorio de que el talento verdadero siempre encuentra su camino, aunque intenten enterrarlo.
Los aplausos estallaron. Val mantuvo la sonrisa hasta que llegó al backstage, donde su mejor amiga y estilista, Luna, la esperaba con una copa de champagne y una mirada de pura admiración.
—Eres una reina —dijo Luna, abrazándola—. Esa colección va a romperla. Pero... ¿has visto el correo?
Val frunció el ceño y sacó su teléfono. El asunto del email brillaba en la pantalla como una amenaza elegante:
“Propuesta de Colaboración – Rossi Luxe”
Su corazón dio un vuelco. Rossi Luxe no era cualquier marca. Era el imperio. El nombre que aparecía en las portadas de Vogue, en los armarios de las celebrities más influyentes y en las pasarelas de Milán, París y Nueva York. Damian Rossi, su CEO, era conocido por ser un tiburón: guapo como el pecado, rico más allá de lo imaginable y tan frío como el acero italiano que usaba en sus diseños más afilados.
—No puedo creerlo —murmuró Val, abriendo el correo.
Estimada Srta. Montenegro,
Su trabajo con Vespera ha llamado la atención de nuestro equipo creativo. Nos gustaría discutir una posible posición como Directora Creativa Invitada para la próxima temporada. Adjunto boleto de avión en primera clase a Milán y reserva en el Hotel Excelsior. Esperamos su confirmación antes de las 48 horas.
Atentamente,
Damian Rossi
CEO – Rossi Luxe
Val se quedó mirando la pantalla. Tres años atrás, había estado a punto de firmar con una gran casa. Tres años atrás, su mentor y expareja, Rafael, había presentado sus diseños como propios, la había acusado públicamente de robo intelectual y había hundido su nombre en el barro. Casi la destruye.
Y ahora, el mayor imperio del mundo la quería a ella.
—¿Vas a ir? —preguntó Luna, emocionada.
Val cerró el teléfono con fuerza. Una parte de ella quería tirar el email a la basura. La otra, la que aún sangraba por aquella traición, veía una oportunidad.
—Voy a ir —dijo con voz baja—. Pero no para suplicar. Voy a ir a mostrarles quién soy ahora.
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Dos días después, el jet privado aterrizó en el aeropuerto de Milán Malpensa. Un chofer con traje impecable la esperaba con un cartel que llevaba su nombre. El trayecto hasta la sede central de Rossi Luxe fue silencioso, lleno de nervios y determinación.
El edificio era imponente: vidrio y acero, con el logo dorado de la casa brillando bajo el sol italiano. Cuando Val entró al lobby, sintió que el aire mismo olía a lujo y peligro.
—Señorita Montenegro —la recibió una asistente elegante—. El señor Rossi la espera en la sala de juntas del piso 28. Por aquí, por favor.
El ascensor subió en silencio. Val se miró en el espejo: vestido rojo vino ajustado pero profesional, tacones altos, cabello negro suelto en ondas perfectas. Parecía una guerrera lista para la batalla.
Las puertas se abrieron directamente a una sala de juntas con vista panorámica a la ciudad. Y allí estaba él.
Damian Rossi.
Alto, de hombros anchos, traje negro hecho a medida que marcaba cada línea de su cuerpo atlético. Cabello oscuro ligeramente ondulado, mandíbula cuadrada y unos ojos verdes que parecían capaces de leer el alma. No sonrió. Solo la miró de arriba abajo con una intensidad que hizo que Val sintiera un calor traicionero en la piel.
—Señorita Montenegro —dijo con voz profunda, con ese acento italiano que convertía cada palabra en una caricia peligrosa—. Gracias por venir tan rápido.
—Señor Rossi —respondió ella, extendiendo la mano con firmeza—. No suelo rechazar ofertas que pueden cambiarlo todo.
Él estrechó su mano. El contacto fue breve, pero eléctrico. Val retiró la mano rápidamente y tomó asiento frente a él.
Damian fue directo al grano. Deslizó una carpeta negra sobre la mesa.
—Quiero que seas la Directora Creativa para la colección de otoño-invierno. Tendrás libertad creativa... dentro de ciertos límites. Tu visión sostenible encaja con la nueva imagen que queremos proyectar. El contrato es por un año, con opción a permanencia. Salario inicial de siete cifras, más bonos por desempeño y porcentaje de ventas.
Val abrió la carpeta y leyó las cifras. Eran obscenas. Suficientes para relanzar Vespera a otro nivel. Pero entonces llegó la segunda página.
Cláusula adicional: La colaboradora acepta participar en eventos públicos como pareja del CEO para generar expectativa mediática alrededor de la nueva colección.
Levantó la mirada, incrédula.
—¿Esto es una broma?
Damian se reclinó en su sillón de cuero, observándola como si fuera una pieza de arte que estaba evaluando.
—No bromeo con los negocios, señorita Montenegro. La prensa adora un romance. Su historia de superación + mi imagen... será explosivo. Fingiremos. Nada más.
Val soltó una risa seca.
—¿Y si me niego?
—Entonces el contrato termina aquí. Y créame... muchas diseñadoras matarían por esta oportunidad.
El silencio se extendió entre ellos. Val sentía la mirada de Damian como una caricia lenta sobre su piel. Odio y algo más oscuro, más caliente, se mezclaban en su pecho.
—Necesito pensarlo —dijo finalmente, cerrando la carpeta.
— Tiene hasta mañana por la mañana —respondió él, poniéndose de pie y rodeando la mesa hasta quedar demasiado cerca—. Mientras tanto, mi asistente le mostrará su oficina temporal y el atelier. Quiero ver qué es capaz de crear en las próximas 24 horas.
Val se levantó también, enfrentándolo. Eran casi de la misma altura gracias a los tacones.
—No me subestime, señor Rossi. No soy una de esas diseñadoras que tiemblan ante un hombre rico.
Por primera vez, una sonrisa peligrosa curvó los labios de Damian.
—Oh, créame, Valeria... ya me di cuenta.
Se inclinó ligeramente, su aliento rozando la oreja de ella al susurrar:
—Bienvenida a Rossi Luxe. Espero que esté preparada para jugar.
Val sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras él salía de la sala sin mirar atrás.
Cuando se quedó sola, abrió de nuevo la carpeta. En la última página había una nota manuscrita con letra firme:
"No todos los que te traicionaron en el pasado siguen libres. Algunos simplemente esperan el momento correcto."
Val palideció. Esa letra... y esa frase.
¿Cómo sabía Damian Rossi sobre su pasado? ¿Y qué demonios significaba realmente esa "oferta"?
Se acercó a la ventana, mirando la ciudad que se extendía a sus pies. El corazón le latía con fuerza.
Aceptar significaba entrar en la boca del lobo.
Rechazar significaba seguir luchando sola.
Pero había algo más... una intuición que le gritaba que Damian Rossi no era solo un CEO arrogante.
Era un secreto andante.
Y ella acababa de aceptar el juego.
