Capítulo 3 Fantasmas del pasado

Fantasmas del Pasado

La mañana en Milán amaneció con un cielo gris perla que filtraba una luz fría a través de los ventanales del atelier. Valeria Montenegro se miró en el espejo de cuerpo entero de su suite en el Hotel Excelsior. El vestido negro que había elegido era una armadura: entallado hasta las rodillas, con mangas largas que terminaban en puntas elegantes y un discreto escote en la espalda que dejaba entrever solo lo necesario. Combinado con tacones rojos de aguja —el color de la sangre y la pasión— y el cabello negro cayendo en ondas perfectas sobre sus hombros, se veía exactamente como quería: poderosa, profesional y peligrosa.

Pero por dentro, los nervios la carcomían. Había dormido apenas cuatro horas, repasando mentalmente cada detalle de su presentación. Este no era solo un trabajo. Era su revancha contra un mundo que casi la destruye.

Llegó a la sala de juntas del piso 28 exactamente a las ocho. La habitación ya estaba llena de rostros serios: directores creativos de cabello plateado, jefes de marketing con tablets en mano, el equipo de producción y, presidiendo la larga mesa de madera oscura y brillante, Damian Rossi. Vestía un traje gris carbón impecable que acentuaba sus hombros anchos y su figura atlética. Sus ojos verdes se clavaron en ella en cuanto entró, con esa intensidad que parecía leer cada pensamiento oculto.

—Buenos días a todos —dijo Val con voz clara y firme, sin titubear. Conectó su laptop al proyector y comenzó sin esperar más preámbulos.

La presentación fluyó con pasión contenida. Mostró los bocetos en grande: el abrigo estructural, la chaqueta oversize con poder femenino, y especialmente el vestido rojo. Explicó cada elección —las telas sostenibles, las costuras invisibles, la forma en que la silueta abrazaría el cuerpo de una mujer moderna— con convicción feroz.

—Esta colección no es solo hermosa —concluyó, mirando directamente a Damian—. Es una declaración de resiliencia. Para mujeres que han sido traicionadas, subestimadas y que, sin embargo, regresan más fuertes. Quiero que Rossi Luxe no solo vista cuerpos, sino que vista almas que se niegan a romperse.

Un silencio pesado cayó sobre la sala. Algunos asintieron con aprobación. Otros fruncieron el ceño, aferrados a la tradición de la casa. Damian permaneció impasible, tamborileando lentamente los dedos sobre la mesa.

Finalmente habló:

—Audaz. Muy audaz. —Se reclinó en su sillón—. Tiene fuego, señorita Montenegro. Pero la moda de lujo no sobrevive solo de pasión. Necesitamos ver prototipos reales. Sofia, organice un taller privado esta misma tarde. La señorita Montenegro y yo trabajaremos directamente en los ajustes iniciales del vestido rojo.

Val sintió una oleada de triunfo mezclada con ansiedad. Había pasado la primera gran prueba.

La reunión se disolvió. Mientras los demás salían, Damian se quedó sentado, observándola como un depredador evaluando su presa.

—Buen trabajo —dijo en voz baja cuando quedaron solos—. Pero esto recién comienza. Acompáñeme.

La guió por pasillos privados hasta un atelier exclusivo, uno que gritaba privilegio: ventanales del piso al techo con vistas panorámicas a Milán, maniquíes profesionales de alta gama, mesas de corte impecables y rollos de tela que costaban más que el alquiler de muchos meses en Miami.

—Quiero ver cómo traduce sus ideas a la realidad —dijo Damian, quitándose la chaqueta del traje y arremangándose las mangas de la camisa blanca. Sus antebrazos fuertes y venosos quedaron expuestos—. Trabajaremos juntos en el vestido rojo.

Val parpadeó, sorprendida.

—¿Usted... participa directamente en la creación?

Una sonrisa arrogante pero atractiva curvó los labios de Damian.

—Mi familia ha estado en esta industria por generaciones. No dirijo solo desde un escritorio, Valeria. Sé cortar, drapear y entender cómo una tela besa la piel.

Las siguientes horas fueron intensas y cargadas de electricidad. Val cortaba telas con precisión quirúrgica. Damian la asistía, ajustando drapeados en el maniquí, sugiriendo modificaciones con voz grave. Cada roce accidental de sus manos enviaba chispas. Cada vez que él se colocaba detrás de ella para corregir un detalle, Val sentía el calor de su cuerpo y su colonia invadiéndola.

En un momento crítico, mientras ajustaba el escote asimétrico del vestido rojo en el maniquí, Damian se inclinó sobre ella. Su pecho rozó ligeramente la espalda de Val. Su mano cubrió la de ella sobre la tela.

—Aquí —murmuró cerca de su oído, su aliento cálido—. Debe caer así... sensual, pero con elegancia. Como si la mujer que lo lleva estuviera siempre un paso por delante.

Val giró la cabeza. Sus rostros quedaron a solo centímetros. Podía ver las motas más oscuras en los ojos verdes de Damian, la ligera sombra de barba en su mandíbula. El corazón le latía con fuerza. El aire estaba cargado de una tensión casi insoportable.

—¿Siempre es tan... involucrado con sus nuevas diseñadoras? —preguntó ella, con voz ligeramente ronca.

—Solo con las que amenazan con cambiar todo mi mundo —respondió Damian, sin apartar la mirada.

El momento se estiró. Val sintió que se inclinaba ligeramente hacia él, atraída como por un imán. Los labios de Damian estaban tan cerca...

Pero el teléfono de Damian sonó, rompiendo el hechizo. Él se apartó bruscamente, frunciendo el ceño al ver la pantalla, y contestó con tono seco y autoritario.

—¿Qué pasa?... ¿Rafael?... Dile que suba inmediatamente.

Colgó y miró a Val con una expresión más seria, casi calculadora.

—Tenemos una visita inesperada. Alguien que creo que conoces muy bien.

Val frunció el ceño, confundida. Minutos después, la puerta del atelier se abrió.

El mundo se detuvo.

Allí estaba Rafael Torres, impecable en un traje azul marino caro, con esa sonrisa petulante y confiada que Val recordaba demasiado bien. El hombre que había sido su mentor, su pareja y, finalmente, su verdugo. El que le había robado los diseños, la había acusado públicamente de plagio y casi destruye su carrera tres años atrás.

Rafael la vio y su sonrisa se amplió, cruel y satisfecha.

—Valeria, mi querida Valeria... —dijo con voz melosa, acercándose como si fueran viejos amigos—. Qué sorpresa tan deliciosa. Me enteré de que estabas aquí y no pude resistirme a venir a saludar a mi antigua... colaboradora favorita.

Val sintió que la sangre se le helaba en las venas. Luego vino la rabia, pura y ardiente, subiendo como lava por su pecho. Sus manos temblaron ligeramente a los costados. Los recuerdos la golpearon con fuerza: la humillación pública en Nueva York, las lágrimas en su pequeño apartamento, las noches sin dormir reconstruyendo su nombre desde cero.

—¿Qué demonios haces tú aquí? —preguntó con voz baja y peligrosa, dando un paso adelante. Sus tacones resonaron como disparos en el atelier silencioso—. ¿No te bastó con destruirme una vez?

Rafael soltó una risa baja, mirando de reojo a Damian, quien observaba la escena con ojos entrecerrados y expresión indescifrable.

—Trabajo como consultor creativo externo para Rossi Luxe desde hace más de un año —respondió Rafael con arrogancia—. Parece que el destino nos vuelve a unir, querida. Vamos a ser compañeros de equipo. ¿No es maravilloso?

Val sintió náuseas. Miró a Damian, buscando respuestas.

—¿Sabías esto? —le preguntó directamente, con voz temblando de furia contenida—. ¿Sabías quién era él cuando me trajiste aquí?

Damian no respondió inmediatamente. Su mandíbula estaba tensa, sus ojos fijos en Rafael con algo parecido a desdén.

—Rafael —dijo finalmente con tono frío—. Espera afuera. Necesito hablar con la señorita Montenegro a solas.

Rafael sonrió una última vez, guiñándole un ojo a Val.

—Nos veremos pronto, Valeria. Muy pronto. Tenemos mucho de qué hablar... sobre el pasado.

Cuando la puerta se cerró detrás de él, Val se giró hacia Damian, con los ojos brillando de lágrimas contenidas y rabia pura.

—Explícate —exigió, acercándose a él—. Ahora.

Damian la miró fijamente, el aire entre ellos cargado de secretos y tensión.

—Hay cosas que no sabes sobre esa noche en Nueva York, Valeria. Y sobre mí.

El teléfono de Val vibró en ese momento con un mensaje desconocido:

“El pasado siempre regresa. Ten cuidado con quién confías en Rossi Luxe.”

Val sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

El lobo no solo la había invitado a su territorio.

La había rodeado de fantasmas.

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