Capítulo 5 La sombra de la demanda

La Sombra de la Demanda

Valeria Montenegro se quedó congelada contra la mesa de corte, con el eco del beso aún quemándole los labios y las palabras de Damian resonando en su cabeza como un tambor de guerra. La demanda. Rafael no había perdido tiempo. Tres años después, volvía a clavar el cuchillo en la misma herida.

—¿Una demanda? —repitió con voz ronca, apartándose de Damian aunque su cuerpo aún temblaba por el contacto—. ¿Me está demandando por plagio? ¿Otra vez?

Damian miró la pantalla de su teléfono con el ceño fruncido. La luz azulada iluminaba su rostro, acentuando la línea dura de su mandíbula. Por primera vez desde que lo conoció, Val vio algo parecido a la preocupación genuina en sus ojos verdes.

—No es solo una amenaza —confirmó él, pasándole el teléfono—. Es oficial. Llegó al departamento legal hace una hora. Alegan que varios elementos de tus bocetos para la colección cápsula son “similares” a un proyecto que Rafael supervisó contigo en Nueva York. Piden una revisión interna inmediata y amenazan con bloquear el lanzamiento si no se resuelve.

Val leyó el documento con manos temblorosas. Cada palabra era un golpe: “apropiación indebida”, “daño reputacional”, “competencia desleal”. Rafael no solo quería sabotearla; quería destruirla públicamente otra vez, y esta vez con el peso legal de Rossi Luxe detrás.

—Hijo de puta —susurró Val, dejando caer el teléfono sobre la mesa—. Esto no es coincidencia. Sabía que yo venía. Probablemente lo planeó desde que se enteró de mi contratación.

Damian se pasó una mano por el cabello, despeinándolo. Caminó hasta uno de los ventanales, mirando la ciudad que empezaba a iluminarse con las luces nocturnas de Milán. El atelier, que minutos antes había sido un espacio de creación y tensión sexual, ahora parecía una jaula dorada.

—Rafael tiene aliados aquí —dijo sin volverse—. No es el único que se siente amenazado por tu llegada. Algunos directivos tradicionales ven tu enfoque sostenible y moderno como un riesgo. Esto es más grande que una venganza personal.

Val se acercó a él. El beso aún ardía en su memoria: furioso, desesperado, real. No sabía si había sido un error o la única cosa honesta que había hecho desde que llegó a Italia. Pero ahora no era momento para analizarlo.

—¿Y tú? —preguntó, deteniéndose a su lado—. ¿También te sientes amenazado? Porque si esto es parte de algún juego retorcido…

Damian se giró bruscamente. Sus ojos se clavaron en los de ella con una intensidad que le quitó el aliento.

—No —dijo con voz baja y firme—. No juego con la gente que respeto. Y te respeto, Valeria. Más de lo que deberías saber tan pronto.

El silencio que siguió fue cargado. Val podía sentir el pulso acelerado en su cuello. Quería creerle. Quería dejarse llevar por esa atracción magnética que había entre ellos. Pero el miedo y la traición pasada eran cadenas pesadas.

—Necesito ver el contrato completo —exigió—. Y quiero hablar con tu equipo legal ahora mismo. No voy a firmar nada ni a quedarme callada mientras Rafael intenta destruirme de nuevo.

Damian asintió.

—Está bien. Pero no esta noche. Ya es tarde y estás exhausta. Mañana a primera hora reuniremos al equipo. Mientras tanto… —sacó su teléfono y marcó un número—. Sofia, cancela todas mis reuniones de mañana por la mañana. Reserva la sala de crisis. Y que nadie, absolutamente nadie, sepa de la demanda hasta que yo lo autorice.

Colgó y miró a Val.

—Te llevaré de vuelta al hotel. Necesitas descansar. Mañana peleamos esta batalla juntos.

El trayecto en el auto privado de Damian fue tenso y silencioso. Val miraba por la ventana las luces de Milán, pero su mente estaba en otro lugar: en los talleres improvisados de Miami, en las noches en que reconstruyó Vespera con uñas y dientes, en la humillación pública que casi la rompe.

Cuando llegaron al Excelsior, Damian insistió en acompañarla hasta la puerta de su suite.

—No tienes que hacer esto solo —dijo él en voz baja, apoyado contra el marco de la puerta mientras Val buscaba la tarjeta—. Tengo recursos. Abogados. Influencia. Y… una historia con Rafael que tampoco es limpia.

Val levantó la mirada, intrigada.

—¿Qué historia?

Damian dudó. Por un segundo, Val vio un destello de vulnerabilidad en sus ojos.

—Rafael no solo te traicionó a ti. Hace dos años intentó filtrar información confidencial de Rossi Luxe a una casa rival. Lo descubrí a tiempo y lo mantuve como consultor para controlarlo. Pero ahora… contigo aquí, se siente acorralado. Y los hombres acorralados son peligrosos.

Val sintió un escalofrío. Todo era más grande de lo que imaginaba. No era solo una venganza personal. Era una guerra por el control de un imperio de moda.

—Entonces usémoslo —dijo ella, con una determinación feroz—. Mañana presentaré pruebas de que mis diseños son originales. Tengo archivos, timestamps, testigos. Y si es necesario… usaré la cláusula de relación pública a nuestro favor. Que el mundo vea que estamos juntos en esto.

Damian sonrió por primera vez en horas. Una sonrisa lenta, peligrosa y atractiva.

—Eres increíblemente valiente, Valeria Montenegro.

Se inclinó y, esta vez con más suavidad, la besó. No fue el beso furioso del atelier. Fue más profundo, más exploratorio. Una promesa silenciosa. Val respondió, enredando los dedos en su cabello, permitiéndose por un momento olvidar el caos.

Cuando se separaron, Damian apoyó su frente contra la de ella.

—Descansa —susurró—. Mañana empieza la verdadera batalla.

Entró en su suite y cerró la puerta, apoyándose contra ella con el corazón acelerado. Se cambió rápidamente y se metió en la cama, pero el sueño no llegaba. Su mente repasaba cada detalle: el beso, la demanda, la mirada de Rafael.

A las dos de la mañana, su teléfono vibró sobre la mesita de noche. Número desconocido.

Abrió el mensaje.

“No todo es lo que parece con Damian Rossi. Pregúntale por la noche del 12 de septiembre en Nueva York. Pregúntale por qué realmente te contrató. Algunos salvadores son peores que los villanos. – Un amigo”

Val se sentó en la cama de golpe, con el pulso desbocado.

El 12 de septiembre era la fecha exacta de su caída en Nueva York. La noche en que Rafael la destruyó.

¿Cómo era posible que este mensaje lo supiera?

Miró hacia la ventana, donde las luces de Milán brillaban como estrellas falsas. El beso con Damian aún ardía en sus labios, pero ahora tenía un sabor diferente.

¿Era Damian su aliado… o parte del mismo juego que casi la destruye?

Tomó el teléfono y escribió un mensaje a Damian:

“Necesitamos hablar. Ahora. Hay cosas que no me estás contando.”

Envió el mensaje y esperó, con el corazón en la garganta.

Los minutos pasaron. Ninguna respuesta.

Justo cuando estaba a punto de dejar el teléfono, llegó una notificación. No era Damian.

Era un email del departamento legal de Rossi Luxe.

Asunto: Suspensión temporal de contrato – Valeria Montenegro

Val abrió el archivo adjunto con manos temblorosas.

La suspensión era efectiva inmediatamente. Firmada por un directivo… y copiada a Rafael Torres.

El juego acababa de volverse mortal.

Y Valeria ya no sabía en quién confiar.

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