Capítulo 6 La traición oculta
La Traición Oculta
Valeria Montenegro se quedó mirando la pantalla del teléfono como si las palabras pudieran cambiar si las leía por tercera vez. Suspensión temporal de contrato. Firmada por uno de los vicepresidentes de Rossi Luxe y, por supuesto, copiada a Rafael Torres. El golpe fue tan brutal que por un momento sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
No era solo una suspensión. Era una ejecución pública disfrazada de procedimiento legal.
Se levantó de la cama de un salto, aún con el mensaje sin respuesta de Damian quemándole en la mente. El beso de hacía unas horas ahora parecía una burla cruel. ¿Cómo había pasado de sentir que por fin tenía un aliado a esto?
Marcó el número de Damian. Sonó una vez. Dos. Tres. Buzón de voz.
—Maldita sea —murmuró, caminando de un lado a otro de la suite como un animal enjaulado.
El reloj marcaba las 2:47 a.m. Milán dormía, pero su mundo se desmoronaba. Abrió el minibar, tomó una botellita de whisky y se sirvió un vaso. El líquido ardiente le quemó la garganta, pero no calmó la tormenta en su pecho.
Justo cuando iba a intentar llamar de nuevo, el teléfono vibró. Era Damian.
“No respondas a nada. Voy para allá.”
Diez minutos después, alguien tocó suavemente a la puerta. Val abrió con el corazón acelerado. Damian entró como una tormenta contenida: cabello revuelto, camisa arrugada, ojos oscurecidos por la furia.
—¿Qué carajos está pasando? —exigió Val sin preámbulos, cerrando la puerta detrás de él—. ¿Me besas y dos horas después me suspenden? ¿Esto es parte de tu juego, Damian?
Él se pasó las manos por el rostro, visiblemente agotado.
—No fui yo. Alguien en el consejo movió los hilos mientras dormíamos. Rafael tiene más influencia de la que pensaba. Convenció a dos directivos de que tu presencia representa un “riesgo legal inminente”. La suspensión es temporal, pero suficiente para manchar tu nombre otra vez.
Val soltó una risa amarga.
—Historia repetida. ¿Y tú? ¿Dónde estabas cuando firmaron eso?
Damian se acercó. Esta vez no había deseo en su mirada, solo determinación.
—Estaba en una llamada de emergencia con mis abogados. Descubrí algo, Valeria. Algo que cambia todo.
Sacó su teléfono y le mostró un documento escaneado. Era un email antiguo, de hacía tres años. De Rafael Torres a un correo desconocido.
“Los diseños de V. Montenegro están listos. Procederemos con la presentación como míos. Rossi Luxe no debe enterarse de la fuente real. El acuerdo con D.R. sigue en pie.”
Val sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
—¿D.R.? —susurró.
—Damian Rossi —respondió él con voz grave—. Rafael me contactó hace tres años ofreciéndome “talento fresco” para una colaboración. No sabía que eras tú. No sabía que te estaba robando. Acepté revisar los diseños sin saber el origen. Cuando todo explotó públicamente, yo ya había perdido interés en el proyecto. Pero mi nombre quedó ligado indirectamente.
Val retrocedió hasta chocar contra la pared. Lágrimas de rabia quemaban sus ojos.
—Entonces tú… tú fuiste parte de esto. Aunque no lo supieras todo.
Damian dio un paso hacia ella, pero se detuvo al ver su expresión.
—Fui un idiota ciego. Pero ahora estoy aquí. Y voy a arreglarlo.
El silencio se estiró. Val lo miró fijamente, buscando mentiras en sus ojos y encontrando solo arrepentimiento y algo más profundo.
—Quiero pruebas —dijo finalmente—. Y quiero destruir a Rafael. No solo por mí. Por todas las que vendrán después.
Damian asintió.
—Mañana a las siete tenemos una reunión con el consejo completo. Presentarás tu caso. Tengo a mis abogados trabajando toda la noche. Y… hay algo más.
Se sentó en el borde de la cama y la miró.
—Rafael no actúa solo. Hay alguien dentro de Rossi Luxe filtrando información. Alguien cercano a mí. Creo que es Sofia, mi asistente. La he visto reunirse con él en secreto.
Val procesó la información. Todo encajaba de una forma retorcida: la oferta repentina, la cláusula de relación pública, la llegada de Rafael.
—Entonces usemos la farsa a nuestro favor —propuso ella, sentándose a su lado—. Mañana en la reunión, actuaremos como pareja. Que vean que estamos unidos. Que no pueden separarnos tan fácilmente.
Damian la miró con una mezcla de admiración y deseo.
—Eres más fuerte de lo que imaginaba.
Se inclinó y la besó. Esta vez fue lento, profundo, como si sellara un pacto. Val respondió con toda la pasión contenida, enredando los dedos en su camisa. Por unos minutos, el mundo fuera de esa suite desapareció.
Pero la realidad volvió demasiado pronto.
A las 6:30 a.m., llegaron juntos a la sede de Rossi Luxe. La sala de juntas estaba llena. Rafael ya estaba allí, con una sonrisa victoriosa. Sofia tomó notas en silencio, evitando mirarlos.
La reunión fue un campo de batalla.
Val presentó sus pruebas: archivos originales con timestamps, correos antiguos, testimonios de sus asistentes en Miami. Habló con voz clara y poderosa, sin dejarse intimidar por las miradas escépticas.
—Este no es solo un ataque contra mí —dijo mirando directamente al consejo—. Es un ataque contra la innovación de esta casa. Rafael Torres robó una vez. Lo está intentando de nuevo. Y algunos aquí lo están permitiendo.
Rafael intentó contraatacar, pero Damian lo cortó en seco.
—Basta. Esta empresa no tolera sabotajes internos. La suspensión queda revocada inmediatamente. Y se abrirá una investigación interna sobre el señor Torres.
La votación fue tensa, pero Damian tenía el control mayoritario. La suspensión se levantó.
Cuando la reunión terminó, Rafael se acercó a Val en el pasillo, con los ojos llenos de veneno.
—Esto no termina aquí, querida. Tengo más cartas.
Val sonrió con frialdad.
—Muéstralas. Estoy lista.
Pero cuando regresó al atelier con Damian, la verdadera sorpresa llegó.
Sofia los esperaba adentro, pálida y nerviosa.
—Señor Rossi… señorita Montenegro. Hay algo que deben saber. Rafael no es el único involucrado. La persona que realmente filtró los diseños hace tres años y que está detrás de todo esto ahora… es alguien mucho más cercano.
Sofia respiró hondo.
—Es su hermano, señor Rossi. Matteo Rossi. Y tiene pruebas de que usted también estuvo más involucrado de lo que dice.
Damian palideció.
Val sintió que el mundo se tambaleaba de nuevo.
El toque inesperado había llegado: la traición no venía solo de fuera.
Venía de la propia sangre de Damian.
Y ahora, más que nunca, Valeria estaba en medio de una guerra familiar que podía destruirlos a todos.
