Capítulo 7 Susurros en la oscuridad

Susurros en la Oscuridad

La revelación de Sofia cayó como un golpe bajo en el estómago de Valeria. El atelier, que minutos antes había sido testigo de besos cargados de promesa, ahora parecía un mausoleo de secretos.

—¿Matteo Rossi? —repitió Val, con la voz apenas un susurro—. ¿Tu propio hermano?

Damian se quedó inmóvil, como si las palabras de su asistente lo hubieran convertido en piedra. Su rostro perdió todo rastro de color. Los puños se cerraron a los costados con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos.

—Sofia —dijo con voz peligrosamente baja—, explícate. Ahora.

La asistente, normalmente impecable y serena, parecía a punto de desmoronarse. Miró hacia la puerta, como si temiera que alguien los escuchara, y bajó la voz hasta convertirla en un hilo tembloroso.

—Hace tres años, Matteo se reunió varias veces con Rafael en Nueva York. Yo… los vi. No entendí la magnitud en ese momento. Pensé que era solo negocios. Pero después de la caída pública de Valeria, Matteo me pidió que borrara ciertos correos del servidor de la empresa. Correos donde se mencionaba “el talento de V. Montenegro” y “el acuerdo con D.R.”.

Val sintió un frío glacial recorriéndole la espalda. Se alejó de Damian como si su presencia quemara.

—Entonces no solo Rafael me traicionó —murmuró, con los ojos brillando de furia y dolor—. Tu familia completa estuvo involucrada. ¿Y tú? ¿Hasta dónde sabías, Damian?

Él dio un paso hacia ella, pero Val levantó una mano para detenerlo.

—No te acerques.

Damian se detuvo. Por primera vez, Val vio algo parecido al miedo en sus ojos. No miedo a perder la empresa. Miedo a perderla a ella.

—No sabía que eras tú —insistió con voz ronca—. Matteo me presentó los diseños como obra de Rafael. Dijo que era una colaboración. Cuando el escándalo explotó, yo ya había cortado la relación con ellos. Creí que era solo una disputa entre diseñadores. Nunca imaginé…

Sofia intervino, nerviosa:

—Matteo tiene ambiciones propias. Siempre ha odiado que usted, señor, controle la mayoría de las acciones. Quiere debilitarlo. Y ahora, con Valeria aquí, ve la oportunidad perfecta. Si logra que la demanda prospere y la marca pierda credibilidad, podrá forzar una votación en el consejo para quitarle poder.

El silencio que siguió fue opresivo. Val caminó hasta uno de los ventanales. La noche milanesa se había vuelto más oscura, más amenazante. Las luces de la ciudad parecían ojos vigilantes.

—Necesito pruebas —dijo finalmente, sin girarse—. Correos, registros, testigos. Todo. No voy a ser el peón en una guerra familiar.

Damian se acercó lentamente.

—Las tendrás. Pero hay algo más que debes saber. Algo que ni siquiera Sofia conoce por completo.

Se sentó en una de las sillas del atelier y se frotó el rostro con las manos.

—Hace dos años, Matteo intentó vender información confidencial de la próxima colección a una casa rival francesa. Lo descubrí y lo confronté. En lugar de echarlo, lo mantuve cerca para controlarlo. Pensé que podía manejarlo. Pero ahora… creo que nunca dejó de conspirar. Y Rafael es solo su marioneta.

Val se giró hacia él. La traición en su mirada era palpable.

—¿Y por qué me contrataste realmente, Damian? El mensaje que recibí anoche lo decía claro: “pregúntale por la noche del 12 de septiembre”. ¿Qué pasó esa noche?

Damian levantó la mirada. Sus ojos verdes parecían atormentados.

—Esa noche yo estaba en Nueva York. Tenía una reunión con inversionistas. Rafael me envió los diseños esa misma tarde. Revisé algunos… y me gustaron. Pero no sabía que eran robados. Cuando el escándalo explotó al día siguiente, yo ya había regresado a Milán. Nunca conecté que la diseñadora destruida eras tú… hasta que vi tu portafolio hace unas semanas.

Val sintió que las lágrimas amenazaban con salir, pero las contuvo. No iba a llorar delante de él.

—Quiero creer que no sabías —dijo con voz temblorosa—. Pero ahora mismo no confío en nadie. Ni siquiera en ti.

Sofia carraspeó, incómoda.

—Hay algo más. Recibí una llamada anónima esta tarde. Decían que si no detenía la investigación interna, filtrarían información comprometedora sobre la familia Rossi. Fotos. Documentos. Cosas que podrían destruir la imagen de la marca para siempre.

Damian se levantó de golpe.

—Esto se está saliendo de control. Valeria, necesito que confíes en mí al menos esta noche. Mañana reuniremos a los abogados y empezaremos a desmantelar esto desde dentro.

Val lo miró durante largos segundos. El hombre que tenía enfrente era el mismo que la había besado con pasión descontrolada, pero también formaba parte de la telaraña que casi la destruye.

—Está bien —aceptó finalmente—. Pero esto no es una rendición. Es una alianza temporal. Si descubro que me mentiste en algo más…

—No lo harás —prometió Damian, acercándose. Esta vez no intentó besarla. Solo tomó su mano con delicadeza—. Te lo juro.

Salieron del edificio en silencio. El chofer los llevó de vuelta al hotel, pero Damian no se bajó cuando llegaron. Subió con ella hasta la suite.

Una vez dentro, el ambiente cambió. La tensión, el miedo y la atracción se mezclaron en algo oscuro y peligroso. Damian la miró como si quisiera devorarla y protegerla al mismo tiempo.

—No voy a dejarte sola esta noche —murmuró.

Val no protestó. Se dejó caer en el sofá, exhausta. Damian se sentó a su lado. Por horas hablaron en voz baja: sobre el pasado, sobre las traiciones, sobre los planes para el día siguiente. Pero en medio de la conversación, Val notó algo extraño.

En el bolsillo interno de la chaqueta de Damian, que él había dejado sobre una silla, vibró un teléfono diferente. Uno que ella no había visto antes.

Cuando Damian fue al baño, Val no pudo resistirse. Tomó el teléfono con manos temblorosas.

Tenía un mensaje sin leer.

De: Número desconocido

“Todo está saliendo según lo planeado. Valeria está cayendo en la trampa. Sigue fingiendo. Matteo está listo para el golpe final. – R.”

R. Rafael.

Val sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor. Dejó el teléfono exactamente donde estaba y se sentó de nuevo, con el corazón latiéndole con fuerza.

Cuando Damian regresó, ella fingió una sonrisa cansada.

—Necesito dormir —dijo.

Él asintió y se acercó para darle un beso en la frente.

—Estaré en el sofá. No te dejaré sola.

Pero mientras Damian se acomodaba, Val miró hacia la ventana oscura.

El hombre en quien empezaba a confiar… podría ser el mayor traidor de todos.

Y ahora, más que nunca, estaba sola en la boca del lobo.

A la mañana siguiente, cuando Damian aún dormía, Val tomó su propio teléfono y escribió un mensaje a un número que había guardado en secreto:

“Necesito tu ayuda. Hay más traidores de los que imaginaba. Reúnete conmigo en el café de siempre a las 10. – V.”

Envió el mensaje y borró el rastro.

Alguien iba a pagar por todo esto.

Y ella ya no sabía si Damian sería salvado… o destruido en el fuego cruzado.

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