Capítulo cincuenta y ocho

Edwardo miró a su amigo, jefe y rey—esa persona que significaba tanto para él y por quien daría su vida sin dudarlo.

—No sé realmente, Alless. Me siento muy cómodo con ella y quiero que esté a mi lado. Pero, ¿tengo derecho a pedirle eso? Mi vida no me pertenece.

—¿Qué quieres decir con que tu vida...

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