Capítulo 2
Punto de vista de Sadie
Claro que tenía novia. Claro que ella era perfecta, talentosa y de la clase de familia correcta. Claro que era todo lo que yo no era: pulida, serena y probablemente sabía qué tenedor usar en cenas elegantes.
—Oye, Sadie, vuelve a la Tierra. —Brooklyn agitó una mano frente a mi cara—. ¿Estás bien? Tienes cara de que vas a vomitar.
—Estoy bien —dije automáticamente.
Los ojos de Maya se entrecerraron detrás de sus lentes. Tenía esa irritante habilidad de leer a la gente como si fueran casos de debate.
—Estás haciendo esa cosa en la que finges que estás bien, pero en realidad te estás desmoronando.
—No me estoy desmoronando.
—Definitivamente te estás desmoronando —coincidió Zoe. Su voz era suave, pero de alguna manera eso lo empeoraba.
Bloqueé mi teléfono y lo dejé boca abajo sobre mi cama.
—Solo me desperté de un sueño muy raro, ¿sí? Estoy cansada. Eso es todo.
—¿Qué clase de sueño? —preguntó Brooklyn de inmediato, porque no tenía ningún concepto de los límites.
—Nada. Olvídalo.
—¿Fue un sueño sexy? —alzó las cejas de forma sugerente—. Ay, por Dios, sí fue. Te estás sonrojando.
—No estoy... —me presioné las manos contra las mejillas. Me ardían—. Cállate.
—¿Sobre quién fue? —Maya se inclinó hacia adelante, de pronto interesada—. Espera. ¿Fue sobre Jake?
Mi silencio, al parecer, fue respuesta suficiente, porque las tres perdieron la cabeza.
—¡LO SABÍA! —chilló Brooklyn.
—Esto tiene muchísimo sentido —dijo Maya, como si acabara de resolver un teorema.
Zoe solo sonrió, suave y cómplice.
—Sí que es muy atractivo.
Agarré mi almohada y grité contra ella. Esto era una pesadilla. Una pesadilla real, viva, y yo estaba despierta para sufrirla.
—Está bien, está bien, ya paramos —dijo Brooklyn, todavía sonriendo como el Gato de Cheshire—. Pero en serio, Sadie. Si te gusta, deberías...
—No me gusta —la interrumpí—. Ni siquiera lo conozco. Nunca hemos tenido una conversación de verdad.
Eso era técnicamente cierto. El Jake Montgomery a quien todos en Lincoln Heights High adoraban —el mariscal de campo legendario, el heredero Montgomery, el chico al que le permitían salirse con la suya por su apellido—, ese Jake no me conocía. Nunca nos habían presentado formalmente. Nunca nos habíamos sentado uno al lado del otro en clase.
El Jake de hace un año, el que me había besado como si se estuviera ahogando y yo fuera aire, el que me había dicho que yo era lo primero real que sentía en años... ese Jake ya no existía. Lo había olvidado. El accidente, el año sabático, la lesión cerebral traumática de la que todos susurraban pero que nadie entendía realmente... me había borrado por completo.
Y quizá era lo mejor. Porque esa chica del verano, la que se había quedado dormida en sus brazos en el viejo autocine, la que había creído por un momento estúpido que alguien como él podría querer a alguien como ella, tampoco existía ya.
—Bueno, deberías conocerlo —dijo Brooklyn—. Los dos son...
—Tiene novia —dije sin rodeos—. ¿No vieron los comentarios?
Eso las dejó calladas como por tres segundos.
—Los comentarios no son hechos —señaló Maya—. La gente dice muchas cosas en internet.
—Sí, y puede que ya ni siquiera sea su novia —agregó Brooklyn—. La distancia es difícil.
—O tal vez son perfectos juntos y yo debería ocuparme de mis propios asuntos. —Saqué las piernas de la cama, de pronto desesperada por moverme, por hacer algo que no fuera quedarme sentada aquí analizando mis patéticos sentimientos—. Voy a darme una ducha.
Agarré mi toalla y mi neceser, ignorando las miradas preocupadas que intercambiaban a mis espaldas. En cuanto salí al pasillo, me permití apoyarme contra la pared y respirar.
Contrólate, Sadie.
Él era una estrella. Yo solo era una chica cualquiera a la que le había tocado en suerte un padrastro rico y una escuela elegante. Él tenía una novia que seguramente era hermosa, talentosa y no se pasaba las noches teniendo sueños inapropiados. Yo tenía un suéter gris enorme, un par de Converse gastados y una mamá que se había dejado la piel trabajando para que yo tuviera una oportunidad de algo mejor.
No existíamos en el mismo universo. Nunca habíamos existido.
Me aparté de la pared y me dirigí a las duchas, intentando sacudirme el sueño, el video, los comentarios, todo eso. Pero mi teléfono vibró en el bolsillo justo cuando llegué a la puerta del baño.
Una notificación de Instagram.
Cuenta oficial de Lincoln Heights High: ¡La inscripción para el Baile de Bienvenida ya está abierta! Tema de este año: Baile de Máscaras. Empiecen a votar por la Corte de Bienvenida a partir de la próxima semana.
La imagen era preciosa, toda en azul y dorado —los colores de los Lions—, con máscaras elegantes y letras ornamentadas. El tipo de evento en el que personas como Jake Montgomery reinaban sin esfuerzo y personas como yo trataban de pasar desapercibidas.
Me quedé mirándola demasiado tiempo, con el pulgar suspendido sobre la pantalla.
Luego bloqueé el teléfono, me lo guardé en el bolsillo y entré al baño.
No iba a ir al Baile de Bienvenida. No iba a votar por la corte. No iba a seguir torturándome por un chico que no recordaba mi nombre.
Iba a ducharme, ir a clase y olvidar que esta mañana había ocurrido.
Pero mientras estaba bajo el agua caliente, no podía dejar de pensar en la forma en que Jake-del-sueño me había sonreído, como si yo fuera la única persona del mundo que importaba.
Y me odié un poquito más por querer que eso fuera real.
