Capítulo 130: Un peón para el divorcio

El fuerte olor a desinfectante llenó la nariz de Evelyn. Acompañado por el pitido rítmico de los monitores, la sacó de la oscuridad.

Abrió los ojos de golpe, su visión se nubló por un momento. Asustada, luchó por incorporarse, sus manos se aferraban frenéticamente a su abdomen.

—El bebé... mi bebé...

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