Capítulo 41 Luces encendidas

Lidia cortó la llamada. El pitido intermitente resonó en el silencio del laboratorio antes de que ella dejara el teléfono sobre la mesa de acero. Sus manos temblaban ligeramente, pero no de miedo, sino por la adrenalina pura que empezaba a correr por sus venas.

Inconscientemente, se abrazó a sí mis...

Inicia sesión y continúa leyendo