Estresado

No me sorprendió en lo más mínimo cuando me desperté a la mañana siguiente y encontré un gran lobo negro en mi cama otra vez. Estaba desparramado y roncando como el día anterior. Tala prácticamente ronroneaba en mi cabeza.

—¿Tienes algo con el Sr. Lobo Acechador o qué? —le pregunté.

—Si supieras.....

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