Capítulo 6 05

Barbra

Se llevaron a mi jefe a la clínica. En la cocina, todos especulaban sobre lo sucedido y el motivo de su repentina intoxicación.

La jornada laboral continuó. Yo proseguí con mis tareas mientras tarareaba una melodía distraídamente. Empecé a rebanar un queso mozzarella con agilidad y luego procedí con unas patatas. Naomi se acercó a mi estación, sosteniendo un cuchillo, y me observó con fijeza.

—Te ves tan serena… —comentó—. Realmente parece que lo detestas.

Me giré para encararla. —No exageres, ni que se fuera a morir —respondí con total parsimonia.

—¿Entonces confirmas que fue una reacción alérgica? —inquiere balanceando el arma blanca hacia un lado.

Asentí con lentitud sin despegar la vista de mi labor. —Así es…

—¿Y cómo lo sabes con tanta certeza? —frunció el entrecejo.

—Lo mencionó Jon —la miré brevemente para luego encogerme de hombros, restándole importancia al asunto.

Ella elevó las cejas. —Bueno, cuando lo vi salir estaba lívido, casi granate. Creo que lo que le ocurrió fue bastante grave.

—Sí, se veía mal —añadí mientras colocaba las rodajas de patata en un cuenco de vidrio.

—Espero que se recupere —musitó ella escrutándome.

—Sí, yo también —solté con indiferencia.

—En fin, nos vemos en el almuerzo —anunció antes de retirarse.

—De acuerdo… —volví a bajar la mirada para concentrarme.

Naomi regresó al otro extremo de la cocina y yo me dirigí a la estufa para comenzar a freír las patatas. Mientras vigilaba el aceite, empecé a picar unas cebollas. En este oficio no se puede desperdiciar ni un segundo; todo debe ser sumamente veloz para no hacer esperar a los comensales. Por fortuna, en el tiempo que llevo aquí, aún no he recibido queja alguna.

Llegó mi hora de descanso y, junto al resto del equipo, emprendí el camino hacia el comedor. Al instalarnos, todos comenzamos a dar cuenta de nuestros platos.

—Estos días salí y tuve mi primera cita rápida —sonrió Scarlett—. Fue una experiencia divertida…

—¿Y te agradó el muchacho? —preguntó Naomi mientras mojaba un trozo de tomate en kétchup.

Fruncí el ceño al ver su extraña mezcla. Ella notó mi gesto de desagrado. —Es como combinar algo fresco con algo procesado —explicó.

Hundí las cejas aún más, asintiendo con escepticismo.

—Por supuesto, me encantó —confirmó Scarlett con entusiasmo regresando al tema anterior.

—¿Y volvieron a verse? —cuestioné antes de llevarme un bocado de pollo a la boca.

—Sí, digamos que ahora estamos intentando tener "algo" —enfatizó, haciendo comillas en el aire con los dedos.

—Una vez conocí a alguien en Tinder —intervino Ricardo.

—¿Y qué pasó? —Naomi lo miró con los ojos cargados de curiosidad.

—Nada —soltó el castaño negando con tranquilidad—. Solo tuvimos sexo y no volvimos a dirigirnos la palabra. Por lo general, lo que consigues en esa aplicación es un encuentro casual y ya —sentenció el moreno.

—Lo imaginaba… —lo observé—. Es por eso que aún no la descargo. Además, no me hace falta.

—Barbra, desde que te conozco no te he visto con ningún hombre. ¿Acaso eres lesbiana? —cuestionó Scarlett con una sonrisa pícara.

Solté una carcajada sonora, secundada por Ricardo.

—Por el momento, me declaro "anti-hombres" —espeté aún risueña.

—Bueno, yo no necesito nada de eso —expresó Naomi—. Yo ya tengo a mi chico.

—Qué suerte haber hallado a alguien que realmente te valore y no solo pretenda usarte —argumentó Scarlett.

Asentí pausadamente. —Cierto, de esos ya no se encuentran.

—Y tú, Barbra, ¿tienes algún pretendiente secreto? —Scarlett deslizó una mirada maliciosa.

—No, en absoluto. La verdad es que estoy enfocada en otros proyectos —confesé con calma.

—¿Pero no tienes candidatos? —insistió Ricardo.

—Sabes que sí los hay —lo miré a los ojos—. Pero, cómo decirlo… estoy algo decepcionada de los varones. Siempre es la misma historia: se acercan por mi físico y, en cuanto obtienen lo que buscan, desaparecen.

Scarlett puso cara de compasión. —Te entiendo perfectamente…

—¿Y ahora estás traumada y los odias? —preguntó Ricardo con una sonrisa suave.

—No. Ahora aplico la misma técnica. Los utilizo y me marcho —espeté con una mueca de malicia.

—Buena estrategia —Naomi me guiñó un ojo.

—¿Los usas y te vas? —Ricardo me mira impresionado.

—Sí —reafirmé—. Es simple: conozco a alguien en un club, me atrae, terminamos en la cama y después simplemente desaparezco —me encogí de hombros mirando mi plato vacío—. Algunos me buscan luego y yo solo les aclaro que fue sexo y listo. Los uso y me voy —reiteré.

—Chica mala… —Scarlett me dedica una sonrisa torcida.

—¿Lo haces con frecuencia? —quiso saber Ricardo, interesado.

Sonreí. —Aquí entre nosotros, debo admitir que llevo mucho tiempo sin saber lo que es el sexo; por ahora solo conozco la palabra —solté una risita.

Todos estallaron en carcajadas.

—Tú preguntas y yo respondo —expresé con seriedad—. Estoy centrada en mis metas, nada de romances por ahora…

Y era la pura verdad. Estoy en un punto de mi vida en el que tener un hombre a mi lado me resulta irrelevante. Deseo tanto alcanzar mis objetivos que las relaciones me parecen triviales. Si mi madre me escuchara, soltaría su clásico sermón: "Debes casarte para tener hijos y no quedarte sola; necesitas a alguien con quien contar".

Quizás más adelante; ahora no.

—A menudo las mujeres romantizamos las situaciones y es por eso que ellos terminan lastimándonos —musitó Naomi—. Solo nos sexualizan.

—Ese es nuestro problema —hice un gesto de pesar—. Tendemos a ilusionarnos muy rápido. Yo me he enamorado y me han roto el corazón. Tras varios desengaños, decidí no volver a hacerlo. No me entregaré hasta que crea que es la persona indicada.

—¿Y saben qué es lo peor? —agregó Scarlett mirándonos a todos.

—¿Que es difícil encontrar a alguien así? —aventuré.

—Extremadamente difícil —confirmó ella.

—Me dan ganas de ir comprando varios gatos —bromeé con una amplia sonrisa.

Los cuatro reímos de buena gana.

—Bueno, cambiando de tema. La próxima del grupo en cumplir años es Scarlett.

Ella carraspeó de inmediato. —Quiero un pastel de fresas y nada más. También perfumes, ropa…

—Iré tomando nota —sonreí mirándola.

—Ya veo quién viene… —Naomi interrumpió sus palabras y miró al frente.

Guardamos silencio al ver que Jon ingresaba al comedor. Se dirigió directamente a nuestra mesa y se detuvo frente a mí.

—Señorita Evans, ¿puede acompañarme? —pide Jon.

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