
A Oscuras
Alexa Morillo · Completado · 148.2k Palabras
Introducción
Una noche un hombre le pide que le entregué su cuerpo, pero sin verle el rostro. Barbra jamás había hecho ese tipo de tratos sexuales, pero al final decide aceptar. Lo que no sabía ella era que luego de esa noche de lujuria y placer, quedaría con ganas de más. Y preguntándose ¿quien era ese extraño?
Para mayor sorpresa, unos días después se entera que ese hombre es su jefe.
Capítulo 1
Él engañó a mi esposo
Con pasos lentos, me acerco a la puerta de la oficina de mi querido y apuesto marido. Tengo que preguntarle qué tal me queda el nuevo vestido que Beige diseñó exclusivamente para mí. Apenas llegué a la celebración y no lo vi por ninguna parte; sin embargo, en cuanto escucho los gemidos y jadeos amortiguados que provienen del interior del despacho, me detengo en seco, conmocionada. Me quedo sin aliento por lo que mis oídos están percibiendo.
—Ah, ah... —gime ella.
—Eres tan estrecha, Bri. Me encanta que seas así —dice mi esposo con voz entrecortada. Se nota cuánto está disfrutando.
¿Está él con otra mujer?
Retomo el paso con cautela para escuchar con mayor nitidez los lamentos de puro placer de esa desconocida, acompañados por la respiración agitada de mi cónyuge.
¿No puedo creerlo?
Siento la ira recorriendo cada fibra de mi ser. Maldito desgraciado. Tres años casados, tres putos años, y miren esto. Me va a escuchar. Todo se irá al carajo, absolutamente todo.
Del otro lado de la oficina…
POV Barbra
Allí nos encontramos los dos, empapados en sudor. Sus manos firmes me sujetan de las nalgas; las aprieta con ímpetu mientras se impulsa dentro de mí sin clemencia.
—Pueden... ¡Ah! —gimo sonoramente al sentir de nuevo su miembro penetrarme, mientras me aferro al escritorio con desesperación—, entrar...
Mis pies están de puntillas sobre el piso y mi ropa interior yace justo debajo de ellos. No se conformó con dejarme el vestido a medio quitar, sino que lo retiró por completo, dejándome totalmente desnuda.
Entré a su despacho porque me mandó llamar, según indicó el encargado. Supuestamente era un asunto del restaurante. ¿Justo en plena fiesta? Aun así, acudí. Y las cosas terminaron de un modo muy distinto.
—Es mi oficina, no pueden entrar a menos que yo dé el permiso —se interna de nuevo en mi interior.
Cierro los ojos mientras me sostengo con firmeza. Mis pechos descubiertos oscilan por el vaivén y mis pezones erectos rozan el vidrio del mueble.
¿Cómo es que en un tiempo lo odié tanto y luego caí en su juego perverso?
Pero no mentiré: me fascina cuando me posee. Lo hace tan bien. Me volví adicta a su cuerpo y él al mío. Todo comenzó como algo laboral, pero después de que ambos cedimos a la tentación y exploramos nuestras anatomías, no nos detuvimos.
Entonces su ritmo se acelera; me embiste con rapidez. Su pelvis choca contra mis glúteos generando un eco seco en la habitación. Siento cómo entra y sale de mí, volviéndome loca de puro deleite, extasiada por su balanceo. Me sujeto con fuerza y muerdo mi labio inferior; reprimo los gritos, gozando de la lujuria que me transmite.
En ese momento, noto que se inclina un poco hacia adelante.
—Mírame —ordena.
Con lentitud, giro el rostro y me encuentro con sus ojos azules, cuyas pupilas están completamente dilatadas. No respondo, solo me muerdo el labio y jadeo mientras percibo cada una de sus estocadas.
—Gime, maldita sea —suelta con su voz grave y, con la mano, apresa mi mandíbula suavemente, obligándome a observar su semblante cargado de deseo.
Sonrío con malicia mientras lo observo y, al ver que lo ignoro, insiste:
—Bri, hazlo —me da una palmada en la nalga derecha, tan potente que la siento arder—. Sabes que me excita escucharte... —su voz sale entre dientes.
—¡Oh! —entreabro los labios y vuelve a entrar con brío, ocasionando que mi cuerpo se proyecte hacia adelante. Eso me enciende aún más—. ¡Ah! —gimo nuevamente mientras aprieto los bordes del escritorio y cierro los párpados.
Él continúa con su labor y yo estoy a punto de perder el juicio. Siento esa electrizante sensación que me hace viajar. Jadeo bajo, con la respiración desbocada, y dejo caer mi cabeza sobre la madera. Después, siento cómo se derrama en mi interior y sus manos me estrujan con fuerza; al mismo tiempo, se impulsa una última vez y suelta un suspiro de alivio.
—¿Qué me querías decir? —pregunto con el aliento entrecortado.
Se retira y se aleja. Con las manos tomo impulso y me levanto para luego girarme. Lo veo de pie frente a mí. Su rostro está encendido y sus ojos lucen más claros de lo habitual. Solo viste su camisa blanca, arremangada y desabotonada.
Se puede apreciar su físico tan bien trabajado.
No responde; solo veo que se aproxima hacia donde estoy y, sujetando mi cabello, reclama mis labios con exigencia. Yo, apoyada todavía en el escritorio, correspondo a su beso ardiente.
—No te vayas a enojar esta noche —dice entre mis labios.
Elevo la mano y la presiono contra su pecho para distanciarlo un poco.
—¿Por qué lo dices? —inquiero mirándolo a los ojos, esta vez con seriedad.
—Porque el día de hoy, en la fiesta, me acompañará mi esposa.
Al escuchar sus palabras, abro la boca perpleja. El impacto es tan fuerte que siento un golpe en el pecho.
—¿Qué? —parpadeo, atónita.
—Bri...
De inmediato bajo la mirada hacia su mano y distingo el anillo reluciendo en su dedo. Es la primera vez que se lo veo puesto. ¿Cómo no me di cuenta antes? Lo vuelvo a mirar. La sangre me hierve con tan solo reproducir en mi cabeza lo que acaba de confesar.
—¡¿Estás casado?! —exclamo molesta.
—Sí.
Lo examino detenidamente.
—Ah... yo... —balbuceo, porque realmente me he quedado sin palabras—. No lo puedo creer —niego con la cabeza—. ¡¿Después de que me usas es cuando me dices tal cosa?!
—A ver, Bri. No es lo que crees —dice acomodando su cabello azabache hacia atrás mientras me observa.
—He estado teniendo sexo contigo y saliendo, ¿y ahora me sales con que estás casado? —lo fulmino con la mirada—. ¡Eres un maldito imbécil! —lo empujo de inmediato, alejándolo de mí, y después me coloco la ropa interior y mi vestido negro, que descansaba sobre el escritorio.
—Bri, no te pongas así. Te advertí que no te enojaras.
Me giro y lo encaro.
—¡¿Cómo pretendes que no me indigne?! He estado saliendo con un hombre casado —mis ojos escuecen—. Yo... yo no soy así. No hago este tipo de cosas. Si nos descubren, ante todos seré la amante que destruyó un matrimonio. Todos saben quién eres y cualquiera pudo habernos visto.
—De hecho, ya nos vieron.
Me quedo gélida al oírlo.
Él vuelve a hablar:
—Mi esposa ya está al tanto de lo nuestro —anuncia.
—¡¿Qué?! —casi suelto un grito.
Camino de un lado a otro mientras me cubro el rostro con las manos. Vendrá hoy a la fiesta y ya sabe quién soy. Presiento que se avecina un gran escándalo. Esa mujer me va a destrozar. Por Dios, qué van a decir mis compañeros de trabajo y los conocidos fuera de este restaurante. Afuera está la prensa. Solo espero que no sea una mujer violenta.
—¡¿Por qué no me lo dijiste antes?! —lo cuestiono con amargura.
Cierra los ojos y se apoya en su cintura soltando un suspiro.
—Bri, no te lo dije porque...
Lo interrumpo:
—¿Cuántos años llevas de casado?
Se queda en silencio por unos segundos.
—¡Responde! —le ordeno colérica.
—Tres años —confiesa finalmente.
Niego con la cabeza.
—Vaya. Es que... —me muerdo los labios—. Yo... no puedo con esto —levanto las manos en señal de rendición.
Sin decir nada más, me encamino hacia la puerta para salir, pero siento cómo la cierra detrás de mí, bloqueándome el paso. De inmediato me doy la vuelta y lo enfrento.
—Necesito irme —le aviso.
—Déjame explicarte, Bri —suelta en un tono severo.
—¡No quiero escucharte! ¡Ya todo está claro! —espeto muy cerca de su rostro—. ¡Ahora solo te pido que te alejes de mí! ¡No me llames ni me envíes mensajes! —hago una pausa—. ¡¿Y sabes qué?! ¡Seré yo quien hable con ella y lo haré ahora mismo!
Me vuelvo a girar para intentar abrir la puerta y, antes de que lo logre, una mujer entra en la estancia. Me quedo completamente estática al ver de quién se trata. No puedo dar crédito a quien tengo enfrente. Observo sus ojos azules, que me miran con severidad, cargados de furia, y puedo ver su anillo relucir en su dedo. Cuando voy a abrir la boca para articular palabra, ella me corta de inmediato:
—¡No digas nada! —levanta su mano hacia mí—. ¡Escuché todo lo que estaban haciendo tú y mi esposo! ¡Me enteré hasta del momento en que llegaron al orgasmo! —sentencia con voz firme y llena de indignación, mientras me clava una mirada encendida por el enfado.
Últimos capítulos
#157 Capítulo 157 Extra parte 3
Última actualización: 4/28/2026#156 Capítulo 156 Extra parte 2
Última actualización: 4/28/2026#155 Capítulo 155 Extra parte 1
Última actualización: 4/28/2026#154 Capítulo 154 Epílogo
Última actualización: 4/28/2026#153 Capítulo 153 Un Adiós
Última actualización: 4/28/2026#152 Capítulo 152 No debiste mentirme
Última actualización: 4/28/2026#151 Capítulo 151 Un gracias
Última actualización: 4/29/2026#150 Capítulo 150 Nora Hamill
Última actualización: 4/29/2026#149 Capítulo 149 Una decisión
Última actualización: 4/29/2026#148 Capítulo 148 147
Última actualización: 4/29/2026
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Él no la quiere.
Ella no puede dejar de amarlo.
Pero hay una cosa que los une más que el matrimonio, incluso aunque ellos mismos no lo sepan.












