Todas las chicas necesitan cosas.

Para cuando subí el último escalón de caracol hasta mi dormitorio en el ático, mis piernas se sentían como plomo y mi cabeza como si estuviera llena de humo. Empujé la puerta, dejándola crujir mientras se abría de par en par, y entré arrastrando los pies. El silencio fue lo primero que me golpeó. No...

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