Construyendo una casa que nunca he tenido.

Para cuando regresamos al patio de la Academia, el cielo ya estaba oscuro y las linternas que bordeaban los caminos brillaban como luciérnagas capturadas. El aire estaba tranquilo, salvo por el leve murmullo de risas y charlas que se escapaban del comedor. Gracias a los dioses. Lo último que necesit...

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