Deberes.

El chico a mi lado no había dejado de hablar. Cada vez que la profesora Vey hacía una pausa, él murmuraba algo por lo bajo, lo suficientemente alto como para que yo lo escuchara. Un comentario continuo de observaciones mordaces y pequeños golpes agudos, todo acompañado de esa sonrisa que parecía cos...

Inicia sesión y continúa leyendo