Capítulo 34 El pulso del uranio

Las botas del teniente se detuvieron en seco sobre el cemento pulido del sótano. Tres soldados armados se desplegaron a sus espaldas, con los cañones apuntando al suelo pero los dedos rozando los guardamontes. El aire en el almacén de suministros se sentía espeso, cargado con el olor a cartón húmedo...

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