Capítulo 54 El pulso de las cuatro

El calor de las tres y media de la tarde puso el vestíbulo de la casona insoportable. Los dos policías civiles seguían aplastados en las sillas de plástico verde, abanicándose con las carpetas marrones mientras veían pasar a los enfermos. El ruido ronco del generador Caterpillar continuaba retumband...

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