
Atada a un Matrimonio con el CEO MAFIOSO
Francis Wil · Completado · 109.6k Palabras
Introducción
Lorena, la hija de Enzo, fue secuestrada siendo una niña y obligada a presenciar el asesinato de su madre. Pasó años cautiva en manos de una familia mafiosa rival, hasta que su padre logró dar con su paradero. Cuando las negociaciones fracasaron, Enzo envió a Franco como último recurso. El rescate fue exitoso, pero la libertad de Lorena no lo fue: quedó atrapada bajo las reglas de su propio padre. Temiendo por su legado, Enzo forzó el matrimonio entre su hija y Franco, asegurándose así de que él la protegiera, bajo la amenaza de perder la fortuna que heredaría tras su muerte.
Obligada a casarse con el hombre que la rescató , y la encerró, Lorena apenas conoce a Franco. Entre ellos hay desconfianza, resentimiento y secretos. En un mundo donde el deber pesa más que los deseos, deberán descubrir si es posible construir algo real… o si sus pasados los destruirán antes de intentarlo.
Capítulo 1
Capítulo 1 —Mia, en cuerpo y alma
Narrador:
Lorena estaba de pie frente a él, sus manos temblaban ligeramente a los costados de su vestido. La habitación del hotel, lujosa y sofocante, parecía encerrar cada respiro entre sus paredes doradas. Franco, de pie junto a la cama, la observaba con una intensidad que hacía que su piel se erizara. Había algo en él, algo oscuro y dominante, que la hacía retroceder un paso sin darse cuenta.
Franco avanzó, despacio, sin prisa, dejando que el sonido de sus zapatos sobre el suelo llenara el silencio. Cada paso hacia ella era como un golpe en su pecho. Lorena apretó los labios, intentando controlar su respiración, pero esta se volvía cada vez más entrecortada. Él lo notó.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, levantó una mano y tomó su cuello. No fue un agarre violento, pero tampoco dejaba lugar a dudas sobre quién tenía el control. Su pulgar rozó la piel suave de su garganta, y Lorena cerró los ojos, como si al hacerlo pudiera desaparecer de esa realidad.
—Mírame —ordenó Franco, su voz grave resonando en la habitación. Ella negó con un leve movimiento de cabeza, los ojos apretados con fuerza. Franco apretó un poco más, solo un poco, lo suficiente para que sintiera su dominio. —¡Te dije que me mires! —Lorena abrió los ojos lentamente, su mirada se clavó en la de él. Había miedo, lo podía ver claramente. Una emoción cruda que la hacía temblar y que, por un instante, también lo hizo flaquear. Franco sintió algo atravesarlo, una sensación desconocida que estuvo a punto de hacer que la soltara. Pero no podía permitirse esa debilidad. Se inclinó un poco más hacia ella, su aliento chocando contra sus labios. —Ahora eres mía, Lorena. Lo eres por completo. Y harás exactamente lo que yo diga. ¿Entendido?
Ella no respondió al principio, sus ojos intentando encontrar una salida que no existía. Pero cuando vio la firmeza en la mirada de Franco, supo que no tenía opción. Asintió, aunque su cuerpo seguía temblando.
Franco la soltó con suavidad, dejando que el aire volviera a llenar sus pulmones. Dio un paso atrás, observándola con una mezcla de satisfacción y algo más. Sabía que había ganado esa pequeña batalla, pero también sabía que la guerra apenas había comenzado. Lorena respiró profundamente, tratando de recuperar algo de compostura. Reuniendo el poco valor que le quedaba, alzó la cabeza y lo enfrentó con la voz temblorosa pero cargada de desafío.
—No te sientas tan cómodo ejerciendo tu dominio, Franco. Esto será solo hasta que nos divorciemos.
Franco soltó una carcajada seca, cruzándose de brazos mientras la miraba con una mezcla de diversión y burla.
—¿Divorciarnos? —repitió, como si fuera el chiste más absurdo que hubiera escuchado —Eso no pasará, al menos no hasta dentro de cinco años.
Los ojos de Lorena se abrieron de par en par, su sorpresa palpable.
—¿Cinco años? —repitió, incrédula.
—Sí, querida. Estaba claramente estipulado en el contrato que firmaste.
Lorena lo miró fijamente, con una mezcla de ira y vergüenza. Tragó saliva antes de responder:
—Yo… no leí el contrato.
Franco arqueó una ceja, incrédulo por un momento. Luego, su sonrisa volvió, esta vez cargada de satisfacción.
—¿No lo leíste? —dijo, su tono entre burla y asombro —¿De verdad firmaste algo sin leerlo?
—No tenía sentido —respondió Lorena, levantando la barbilla con obstinación —Sabía que no tendría opción de cambiar nada, así que no vi el caso.
Franco la observó en silencio por un momento, como si evaluara la lógica en sus palabras. Luego asintió ligeramente, sin borrar la sonrisa de su rostro.
—Eso explica mucho... —dijo finalmente —Pero déjame dejar algo claro, Lorena, mientras dure este matrimonio, me pertences, así que vete olvidando de esas ideas romaticas, que seguros tiene en la cabeza. —Ella lo fulminó con la mirada, pero no respondió. En el fondo, sabía que Franco tenía razón: había firmado sin leer, y ahora estaba atrapada. La habitación se llenó de un silencio pesado, roto solo por el ritmo irregular de sus respiraciones. Cuando Lorena intentó moverse hacia el baño, Franco la tomó del brazo, deteniéndola con firmeza. Con un movimiento rápido, la giró y la empujó suavemente contra la pared, quedando ella de espaldas a él. Lorena dejó escapar un jadeo, sus manos buscaban apoyo en la fría superficie mientras su respiración volvía a acelerarse. —No recordaba que fueras tan hermosa —murmuró Franco, inclinándose hacia ella. Su aliento cálido rozó la nuca de Lorena, haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo.
—No juegues conmigo, Franco. Déjame ir —pidió ella, con un hilo de voz.
—Eso no va a suceder —respondió, su tono bajo y grave —Ya te lo dejé claro; me perteneces. En cuerpo y alma. Pero la parte que más me gusta es esa... la del cuerpo.
Lorena cerró los ojos con fuerza, su pecho subía y bajaba con espasmos. Franco notó el leve temblor de su cuerpo y lo interpretó como una mezcla de miedo y algo más. Con una calma perturbadora, apartó su cabello hacia un lado, dejando su hombro y cuello completamente expuestos. —Mira cómo reaccionas —susurró, mientras deslizaba la yema de sus dedos por la piel desnuda de su cuello y su hombro. La suavidad de su roce era deliberada, casi tortuosa. Observó con fascinación cómo la piel de Lorena se erizaba bajo su toque. El silencio entre ellos se llenó de una tensión casi tangible, como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso. Franco se tomó su tiempo, trazando pequeños círculos sobre su piel mientras estudiaba cada una de sus reacciones. Lorena apretó los labios, intentando contener cualquier sonido, pero su respiración traicionaba su intento de parecer indiferente. El vestido de novia cayó al suelo con un movimiento lento, casi ceremonial, dejando su figura expuesta en un conjunto de encaje blanco que acentuaba cada curva. Franco retrocedió un paso para observarla. El contraste de su piel con la tela inmaculada lo dejó sin palabras por un instante. Se inclinó nuevamente, rozando su cuello con los labios mientras sus manos recorrían la línea de sus hombros y su espalda con una suavidad que parecía calculada. Cada centímetro de piel que tocaba respondía a él, como si estuviera diseñada para su contacto. —Ahora me perteneces, y te lo haré sentir —murmuró contra su oído.
Lorena se estremeció, su voz quebrada interrumpió el momento.
—Franco, por favor… no. Yo nunca… no me obligues, por lo que más quieras.
Franco se detuvo. Las palabras de Lorena parecieron atravesarlo como un cuchillo. Había estado dispuesto a ignorar cualquier súplica, había estado seguro de que su derecho como esposo estaba por encima de todo. Pero esa súplica, esa fragilidad en su voz, lo hizo flaquear. Apoyó sus manos en las caderas de Lorena, acercándola más a él, lo suficiente para que sintiera la dureza de su deseo. La obligó a levantar la cabeza, tomándola suavemente de la barbilla hasta que sus miradas se encontraron. Una lágrima rodó por la mejilla de Lorena, y algo dentro de Franco se rompió. Por un instante, recordó a la niña asustada que rescató, y se horrorizó por lo que estaba a punto de hacer. Nunca había tenido escrúpulos. Pero en ese momento, con Lorena era diferente. Retrocedió bruscamente, soltándola como si su piel quemara. Lorena comenzó a llorar, su cuerpo sacudido por sollozos. Franco quiso abrazarla, consolarla, pero en lugar de eso, el orgullo y la rabia hacia sí mismo lo dominaron.
—Eso fue solo una muestra de lo que vendrá —dijo Franco, su voz grave y cargada de una amenaza silenciosa. Lorena, aún de espaldas, apretó los brazos contra su pecho como un escudo improvisado. El aire a su alrededor se volvía pesado, sofocante, mientras el silencio se alargaba entre ambos. Franco avanzó un paso, apenas un movimiento, pero suficiente para hacerla tensarse. Su mirada recorrió su espalda, deteniéndose en el leve temblor de sus hombros. Su propia respiración era un eco profundo que llenaba la habitación. —Te dije que ahora eres mía —murmuró, su tono bajo pero cargado de intenciones. La habitación parecía reducirse, atrapándola junto con él. Lentamente, inclinó la cabeza, como si midiera cada palabra antes de decirla—Y lo sentirás… tarde o temprano. —Lorena quiso responder, decir algo que rompiera la tensión que le oprimía el pecho, pero las palabras no salieron. Franco se mantuvo quieto por un instante más, sus ojos oscuros fijos en ella, antes de dar media vuelta hacia el baño. —Voy a darme una ducha. No te muevas —ordenó, sin volverse a mirarla, pero con un tono que no admitía réplica. Al cerrar la puerta tras de sí, el sonido del agua comenzando a correr hizo que Lorena respirara por primera vez desde que él habló. Pero incluso entonces, la sensación de su mirada seguía clavada en su piel.
El cuarto quedó en un silencio inquietante, salvo por el eco del agua que se filtraba desde el baño. Y aunque Franco estaba del otro lado de la puerta, su presencia seguía envolviendo la habitación, dejando en el aire la promesa de lo que podría ocurrir cuando él volviera a salir.
Últimos capítulos
#77 Capítulo 77 Capítulo 77—La verdadera noche de bodas
Última actualización: 2/28/2026#76 Capítulo 76 Capítulo 76 —Una promesa
Última actualización: 2/28/2026#75 Capítulo 75 Capítulo 75 —Quiero verte brillar
Última actualización: 2/28/2026#74 Capítulo 74 Capítulo 74 —Me duele respirar cuando no estás conmigo
Última actualización: 2/28/2026#73 Capítulo 73 Capítulo 73 —La había amado con el alma.
Última actualización: 2/28/2026#72 Capítulo 72 Capítulo 72 —No sé cómo estar contigo
Última actualización: 2/28/2026#71 Capítulo 71 Capítulo 71 —Aprender a esperar
Última actualización: 2/28/2026#70 Capítulo 70 Capítulo 70 —Estás a salvo
Última actualización: 2/28/2026#69 Capítulo 69 Capítulo 69 —Y entonces la vio...
Última actualización: 2/28/2026#68 Capítulo 68 Capítulo 68 —No puedo hacerlo sin tí...
Última actualización: 2/28/2026
Te podría gustar 😍
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
Enamorada del hermano marino de mi novio
¿Por qué estar cerca de él hace que mi piel se sienta demasiado apretada, como si llevara un suéter dos tallas más pequeño?
Es solo la novedad, me digo firmemente.
Solo la falta de familiaridad de alguien nuevo en un espacio que siempre ha sido seguro.
Me acostumbraré.
Tengo que hacerlo.
Es el hermano de mi novio.
Esta es la familia de Tyler.
No voy a dejar que una mirada fría deshaga eso.
**
Como bailarina de ballet, mi vida parece perfecta—beca, papel protagónico, dulce novio Tyler. Hasta que Tyler muestra su verdadera cara y su hermano mayor, Asher, regresa a casa.
Asher es un veterano de la Marina con cicatrices de batalla y cero paciencia. Me llama "princesa" como si fuera un insulto. No lo soporto.
Cuando una lesión en mi tobillo me obliga a recuperarme en la casa del lago de la familia, me quedo atrapada con ambos hermanos. Lo que comienza como odio mutuo lentamente se convierte en algo prohibido.
Estoy enamorándome del hermano de mi novio.
**
Odio a las chicas como ella.
Consentidas.
Delicadas.
Y aún así—
Aún así.
La imagen de ella de pie en la puerta, apretando más su cárdigan alrededor de sus estrechos hombros, tratando de sonreír a pesar de la incomodidad, no me deja.
Tampoco lo hace el recuerdo de Tyler. Dejándola aquí sin pensarlo dos veces.
No debería importarme.
No me importa.
No es mi problema si Tyler es un idiota.
No es asunto mío si alguna princesita malcriada tiene que caminar a casa en la oscuridad.
No estoy aquí para rescatar a nadie.
Especialmente a ella.
Especialmente a alguien como ella.
Ella no es mi problema.
Y me aseguraré de que nunca lo sea.
Pero cuando mis ojos se posaron en sus labios, quise que fuera mía.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.












