ENAMORADA DEL HOMBRE QUE SOLO ME QUERÍA PARA PASAR EL VERANO
719 Vistas · En curso · F. Ruz
Salomé Aranda solo necesita un lugar donde vivir durante ocho semanas.
Una avería ha dejado inhabitable su apartamento y la hermana de Dorian Serra le ofrece una solución aparentemente sencilla: alojarse gratis en la habitación de invitados de su hermano a cambio de ayudar algunas tardes con Lía, su hija de seis años.
Dorian no sabía absolutamente nada del acuerdo.
Tiene treinta y dos años, es fotógrafo, padre soltero y viudo. Hace cinco años perdió a Aurelia, la mujer de la que se enamoró cuando ambos eran muy jóvenes, y desde entonces convirtió una certeza en regla de vida: jamás volverá a construir un futuro alrededor de alguien que pueda desaparecer.
Salomé debería marcharse cuando termine el verano.
Ese es el trato.
Sin embargo, ocho semanas de desayunos, discusiones, celos, noches compartidas y una niña que empieza a quererla convierten la convivencia en algo mucho menos temporal.
Dorian acepta el deseo, pero se niega a prometer un futuro.
Salomé acepta su cama, pero descubre demasiado tarde que no puede aceptar ser querida únicamente hasta una fecha determinada.
Cuando Dorian toma una decisión que demuestra que nunca la incluyó realmente en su mañana, Salomé tendrá que elegir entre conformarse con el amor que siempre quiso o marcharse hasta que él aprenda que recordar a quien perdió no significa renunciar a quien todavía puede quedarse.
Una avería ha dejado inhabitable su apartamento y la hermana de Dorian Serra le ofrece una solución aparentemente sencilla: alojarse gratis en la habitación de invitados de su hermano a cambio de ayudar algunas tardes con Lía, su hija de seis años.
Dorian no sabía absolutamente nada del acuerdo.
Tiene treinta y dos años, es fotógrafo, padre soltero y viudo. Hace cinco años perdió a Aurelia, la mujer de la que se enamoró cuando ambos eran muy jóvenes, y desde entonces convirtió una certeza en regla de vida: jamás volverá a construir un futuro alrededor de alguien que pueda desaparecer.
Salomé debería marcharse cuando termine el verano.
Ese es el trato.
Sin embargo, ocho semanas de desayunos, discusiones, celos, noches compartidas y una niña que empieza a quererla convierten la convivencia en algo mucho menos temporal.
Dorian acepta el deseo, pero se niega a prometer un futuro.
Salomé acepta su cama, pero descubre demasiado tarde que no puede aceptar ser querida únicamente hasta una fecha determinada.
Cuando Dorian toma una decisión que demuestra que nunca la incluyó realmente en su mañana, Salomé tendrá que elegir entre conformarse con el amor que siempre quiso o marcharse hasta que él aprenda que recordar a quien perdió no significa renunciar a quien todavía puede quedarse.



































