Capítulo 4 No será un matrimonio real

La boutique más exclusiva de Ciudad Vasett estaba cerrada al público esa mañana. Las puertas de vidrio esmerilado dejaban ver apenas el interior, donde una docena de maniquíes lucían vestidos que podían costar más que un departamento entero. Alessia entró acompañada de Skyler, Jessica y su asistente Jenna, todas invitadas por cortesía de la casa a la prueba final del vestido de novia.

—No puedo creer que ya estés a una semana del matrimonio —susurró Jessica con emoción—. Pareces salida de una revista.

—Eso espero —rió Alessia, aunque sus nervios se notaban en la voz.

La estilista la condujo al probador principal, un salón lleno de espejos, cortinas de seda y luz blanca perfecta. Sobre una plataforma la esperaba el vestido que Alessia había visto en catálogos durante meses: un diseño en corte sirena, con encaje francés y transparencias delicadas en el torso. Era elegante, sensual, poderoso.

Jenna tomó el vestido con cuidado.

—Si este no te convence, mandaremos traer otros tres —le aseguró.

—No creo que haga falta —respondió Alessia, sintiendo un cosquilleo en el estómago.

Cuando la estilista terminó de ajustarlo, Alessia salió del probador.

Skyler se llevó una mano a la boca.

—Alessia… —sus ojos brillaron de emoción—. Te ves… perfecta.

Jessica prácticamente gritó.

—¡Por Dios! Te ves como una diosa. Vladimir va a desmayarse.

Jenna sonrió con orgullo, tomando fotos para el archivo interno de la boda.

—Es el vestido. Definitivamente es este.

Alessia se giró lentamente, observándose en los tres espejos. La tela se adhería a sus curvas con gracia, el encaje parecía dibujar flores sobre su piel, y la cola caía en ondas suaves.

Por primera vez desde el compromiso… se sintió como una novia.

—Sí —dijo finalmente—. Este será el vestido.

Todas aplaudieron y la estilista se apresuró a tomar medidas para los ajustes finales.

Al terminar, las cuatro salieron a almorzar a un restaurante cercano, uno con terrazas abiertas y música ambiental suave. Alessia todavía cargaba la emoción del vestido, pero algo en el ambiente cambió cuando, al levantar la vista mientras esperaba su plato, lo vio.

Vladimir.

Caminando por la acera.

Alto. Elegante. Inevitable.

Y a su lado…

Una mujer preciosa. Altísima, rubia, cuerpo perfecto, vestido ajustado. Se reía de algo que él decía y lo miraba con una intención demasiado obvia. Alessia sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué pasa? —preguntó Skyler al notar cómo se tensaba.

Pero Alessia ya se había puesto de pie.

La pareja avanzó unos metros y entró a una joyería exclusiva. Alessia los siguió sin pensar. Se detuvo detrás del cristal y lo vio claramente: la mujer se probaba collares de diamantes mientras Vladimir la observaba con una expresión neutra, pero claramente cómoda con la escena.

El corazón le ardió.

—¿Qué demonios…? —murmuró para sí misma.

Jessica llegó detrás de ella, jadeando.

—Alessia, espera, ¡no corras así!

Skyler la alcanzó.

—Baja la voz, Jess —le dijo en voz baja—. No armes una escena aquí. Lo que suceda será decisión de tu prima.

Ella apretó los dientes, sintiendo la humillación revivir como un latigazo.

No eran novios.

No estaban enamorados.

Era un matrimonio por conveniencia.

Recordó la cena con los Volkov.

Recordó a Irina llamándola niña rica.

A Anton insinuando lo del heredero.

A Mila observándola como si fuera un virus.

Tal vez esa mujer era la verdadera elegida.

La que ellos querían para él.

La que creían digna.

Alessia dio un paso atrás.

—Vámonos —dijo con una sonrisa tensa que le dolió fingir—. No importa. No tengo ningún derecho sobre él. Y él sobre mí tampoco. Ustedes ya saben que esto no será un matrimonio real, son negocios.

Pero la punzada en su pecho no disminuyó.

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De regreso en la mansión Accardi, las tres mujeres intentaron animarla. La abuela Eleonore mandó preparar una cena especial para celebrar que el vestido ya estaba elegido. Se habló de flores, de invitados, de logística.

Alessia sonreía, respondía… pero su mente seguía atrapada en la visión de la joyería.

Ya entrada la noche, cuando la mansión finalmente quedó en silencio y sus padres estaban dormidos, Alessia tomó su bolso y salió por la puerta lateral sin que nadie la viera.

Esa noche quería olvidar. Esa noche quería sentir control. Esa noche quería despedirse.

Subió al auto y manejó hacia el departamento privado.

El elevador la dejó en el piso correcto.

Él abrió la puerta sin necesidad de anunciarse.

Llevaba la máscara.

La camisa medio abierta.

Los ojos fijos en ella como si supiera que vendría.

—Sabía que hoy aparecerías —dijo él en voz baja.

Alessia no dijo nada.

Se acercó, tomó su rostro con ambas manos y lo besó con desesperación.

La noche fue intensa, larga, cargada de una urgencia diferente. Había algo de despedida en la forma en que él la sostenía, en cómo la miraba antes de tocarla.

Cuando todo terminó, ella descansó sobre su pecho mientras él le acariciaba la espalda desnuda.

—Esto no puede continuar —dijo él, con una firmeza que jamás había usado con ella—. No ahora.

Alessia cerró los ojos.

—Lo sé.

Él apretó la mandíbula.

—Tu matrimonio está cerca. Y yo… —hizo una pausa larga—. No puedo permitir que te arriesgues.

Ella asintió, sintiendo el aire espeso entre ambos.

—Será la última vez —susurró.

Él bajó la mano y tomó la suya.

—Por ahora.

Por primera vez, Alessia deseó llorar.

Pero no lo hizo.

Se vistió lentamente, sin mirarlo demasiado, y salió del departamento con el corazón revuelto, la respiración tensa y la certeza de que su vida estaba por entrar en un terreno del que tal vez no podría salir indemne.

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