Rabia creciente.

—¿Quién? — preguntó el ojiazul con el ceño fruncido al detener sus pasos.

—Una señorita, no… no dijo su nombre, sólo que era una sorpresa— dijo y se mordió el labio esperando una posible reprimenda.

¿Una sorpresa? Cedric negó en silencio y casi sonrió, cambió su rumbo directo a su oficina creyendo...

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