Ninguno es santo.

El chico de cabello rubio la miraba con una sonrisa satisfecha, mientras ella, ruborizada, le lanzaba una mirada fulminante.

—Ya te dije que nadie nos entiende – aseguraba Cedric divertido al ver la cara de Aura.

—Aun así, eres insoportable — le dejó claro y él sonrió y negó en silencio.

—Mejor d...

Inicia sesión y continúa leyendo