Jugar mi propio juego.

—¡Aura! — la voz de Hillary la hizo despertar del aparente estado de meditación profunda en el que pareció caer.

—¿Eh? –

—¡Vamos, venga! — gritó la pelicorta y sólo entonces Aura notó que su clase había finalizado.

Tras levantar sus libros y colgarse la mochila al hombro, Aura salió corriendo a e...

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