Sin poder amar a otra.

No podía verlo a la cara sin sentir que sangraba por dentro, como si venenosos cristales estuviesen cortándola despacio y profundamente, era ella la que perdía el valor de enfrentar a esos mentirosos ojos azules que tanto amaba, y saber que las miradas que siempre le erizaron la piel, no todo el tie...

Inicia sesión y continúa leyendo