Una charla inevitable.

—Ya no ganamos nada con arrepentirnos— respondió Cedric secamente sin dejar de abrazarla.

Emireth se sintió tonta y alzó su rostro a verlo, recorrió despacio esos ojos azules que ya no mostraban la frialdad, altanería y seguridad que la habían hecho interesarse en él; ahora esos ojos azules se veía...

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