En sus brazos.

Y Cedric comió de sus senos, acarició su sexo y se endureció más por ella. Aura era ese pecado que alguien como él tenía que cometer, para tocar el cielo. No esperaba ser un santo, ni lo sería; pero, al menos, aspiraba a ser digno de la felicidad que Aura traía. Porque ella era suya, su mujer. Así, ...

Inicia sesión y continúa leyendo