
Bajo el Dominio de Elijah Malcovich
Abraham Rodriguez · En curso · 42.7k Palabras
Introducción
Elijah Malcovich, es el CEO de un poderoso consorcio empresarial, vive rodeado de lujos, mujeres y control. Frío, dominante y notoriamente mujeriego, no cree en el amor ni en el compromiso.
Sus mundos chocan cuando Elijah pretende seducir al Edelin y ella lo rechaza públicamente. Esto despierta una obsesión en él que lo orilla a investigar y descubrir ese secreto por el cual ella definitivamente doblegará solo para fraguar el plan perfecto para destruirlo porque a Edelin Troconiz, nadie la obliga y mucho menos la amenaza con su pasado.
Usando su poder, Elijah la acorrala y le propone un contrato para ser su prometida. No habrá amor, solo habrá deseo y de ese modo Elijah saciará su hambre.
¿Quién caerá primero bajo el dominio del amor?
¿Cuál de los dos doblegará primero y se entregará al potente sentimiento?
Capítulo 1
Edelin
Paso la vista por los alrededores del club buscando mi objetivo de hoy. Si, eso es lo que son: objetivos. Hombres capaces de pagar una fortuna por estar conmigo. Una mujer dominante que solo desea hacerles daño y tratarlos como basura humana. No, no es maldad. Es un rol, ese juego que mantiene la atención puesta en un par de piernas bien torneadas y un látigo, sea imaginario o materializado dentro de una habitación de hotel. Una muy costosa porque Edelin Troconiz, no es una mujer barata.
El caballero en cuestión, no se encuentra en el sitio. Cierro los ojos negando con la cabeza porque no me agrada para nada esperar y menos cuando se trata de mi dinero. Si, este trabajo para mí solo es dinero, no fácil como todos piensan, nadie tiene la menor idea de lo difícil que es lidiar con hombres que creen ser superiores a todos en su entorno y en la intimidad solo desean ser sometidos y curtidos con palabras obscenas y golpes dados en las partes estratégicas para provocar placer.
Me dirijo hacia la barra, pido agua mineral con gas y limón como siempre, nada más dejar mi teléfono sobre la madera, vibra. Creo que en el fondo se de quien se trata
—¿Hola? —respondo apenas mirando el numero desconocido —. Ya me encuentro en el sitio y no veo tu sucio trasero a mi lado ¿Dónde te encuentras? —escucho como intenta excusarse y lo ignoro por completo —. Mas lo siento yo, si has decidido cancelar a última hora ese es tu problema. Mi tiempo en esta ciudad no es una oferta de liquidación para personas como tú.
—Pero mi diosa, es que mi esposa adelantó el regreso de su viaje y debo cancelar. Prometo compensarte —niego con la cabeza a su pobre excusa y más aún a su ofrecimiento.
—En ese caso deberá pagar el setenta por ciento de la tarifa acordada por la reserva de mi noche —le exijo ahora como a un cliente común y corriente ya sin concesión alguna, ignorando las quejas que se escuchan desde el auricular—. ¿Le parece injusto? Injusto es que yo haya rechazado tres ofertas de clientes habituales en Santa Mónica para cumplir con su reserva. Así que, o transfiere ahora mismo la compensación, o mi discreción sobre sus "cenas de negocios" llegarán con un precio nuevo mañana por la mañana en el desayuno con su esposa.
—Muy bien mi querida Ambar, en definitiva, es lo justo. Solo promete ser discreta como siempre lo has sido por favor —sonrío, puedo percibir su miedo desde el otro lado del teléfono.
—Bien. Veo que ha recuperado el juicio. Ya recibí la notificación de la transferencia en mi cuenta. Disfrute de su tranquila noche familiar.
Cuelgo antes de escuchar otra cosa de él y dejo unos billetes sobre la barra para acto seguido retirarme del lugar y quitarme este disfraz que no me agrada para nada. Giro y mi cuerpo se detiene de súbito.
Entonces lo veo: traje elegante, costoso de tres piezas. Mirada depredadora junto a una sonrisa que puede desarmar a cualquier mujer que se aprecie de ser coherente y cuidadosa. El sujeto es una bomba de tiempo ambulante. Bajo del taburete huyendo de él y de su aura que rezuma peligro por todas partes.
—Una mujer tan deslumbrante no debería estar sola, y mucho menos después de haber esperado aproximadamente diez minutos a su cita —habla él, dejando que su voz grave y ensayada en las salas de juntas más competitivas de la costa oeste, trate de envolverme —. Permítame invitarle algo. Un buen whisky, o quizás algo tan exótico como la historia que esconden esos bellos ojos color ámbar —niego con una tenue sonrisa aceptando que hoy no es mi noche.
—Lo siento, pero mi cita acaba de cancelarse y AL recobrar mi libertad que valoro más que… una bebida, pretendo ir a mi casa a destapar una botella de vino barato para disfrutar una serie de Netflix —pronuncio cada palabra con parsimonia.
Veo como de pronto por esos ojos grises tormentosos se abren un poco con el asombro de no aceptar un no por respuesta de una mujer.
—Jamás habría pensado que deseaba ser libre al asistir a un lugar como este en una cita.
—Créame que le sería muy difícil entender que hago aquí —una sombra pasa por sus ojos de nuevo y se disipa al instante.
Mi incomodidad se hace presente en el momento que se acerca invadiendo mi espacio personal con su infame y atractiva humanidad.
—Pasaba por aquí —su aliento chocando contra la piel de mi rostro —. Y pensé que podíamos pasar un rato juntos.
—. No me interesa —sonríe desconcertado —. Además, su sonrisa está demasiado pulida. Brilla con esa facilidad falsa de quienes solo escuchan "sí" desde que aprendieron a caminar. No me interesa un hombre que cree que su mera presencia es un regalo del cielo. Ahora, si me permite…
No se mueve del lugar donde se encuentra justo enfrente de mi, contrario a ello da un paso más rodeándome con el aroma amaderado de su colonia y el calor de su cuerpo que me intoxica de inmediato. De repente el aire se vuelve denso, cargado de una electricidad de la cual nunca habría sabido que existía, esto hace que el vello de mis brazos se erice visiblemente y él lo nota.
—Pocas personas en esta ciudad tienen la audacia de decirle que no a Elijah Malcovich antes de saber qué es lo que estoy ofreciendo realmente —dice él, bajando el tono hasta convertirlo en un susurro posesivo—. Quizás no busco solo una cita con usted, sino algo mucho más digamos, interesante. Un intercambio: su compañía genuina. Una noche. Sin reglas, sin amenazas, solo el placer de lo inesperado bajo las luces de la ciudad.
Me senté de nuevo en el taburete buscando dejar entre nosotros una distancia prudente entre nosotros, miro de frente a esos ojos de un gris que buscan los míos como si fuese una fuente de agua para un sediento.
—¿Compañía? ¿placer? ¿está hablando en serio? —lo miro desde el lugar donde me encuentro con una actitud tan arrogante como la de él —No se engañe, ricachón —dije, mirándolo ahora de arriba abajo con un desprecio que le encendió la sangre, mostrando ahora un gesto visible de disgusto—. No busque diversión donde no la encontrará, lo que soy es mucho más complejo de lo que usted pretende y no tengo interés alguno en ser juguete de nadie —iba a hablar, pero lo detuve con una mano alzada —. Vuelva a su mesa con su acompañante, deje en paz lo que no conoce. Se nota que le va mejor con lo predecible, con las mujeres que se desvisten antes de que siquiera saque la billetera para pagar “sus tragos”.
Doy un giro para deslizarme fuera del taburete. No tengo el tiempo ni las ganas de intimar con nadie y menos con este hombre que parece salido de una película mala de gánster.
—Sepa que cuando me propongo tener a una mujer simplemente lo hago y usted acaba de encender una mecha que solo se apaga en una habitación de hotel, con una botella de Macallan y usted desnuda y dispuesta para mi placer rogándome por más… —observo mi brazo, atrapado por su mano y nuestras miradas conectan, sonrío ladeado.
—Suerte con eso entonces… Sr. Malcovich, pero le advierto —digo ahora con diversión una vez que recobro mi brazo sacudiendo su mano —:no crea mucho en cuentos de hadas porque yo no soy la princesa en la torre, soy la madrastra mala…
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