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MARGO

Enterré mi rostro en el amplio pecho de Rocello mientras las lágrimas fluían. El shock seguía ahí, pero eran lágrimas de felicidad. De eso estaba segura. Lo que no sabía era si ellos estarían felices.

No nos conocíamos desde hacía tanto tiempo. No esperábamos que esto sucediera. Pero, de nue...

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